Alemania busca un nuevo bombardero atómico

El Tornado es el único avión de combate alemán capaz de llevar bombas nucleares estadounidenses. Pero empieza a estar obsoleto y todavía no tiene sucesor. La Bundeswehr pronto podría carecer de un bombardero atómico.

Un hangar gigante en la fábrica de Airbus en Manching, cerca de Múnich. Los visitantes deben dejar sus teléfonos móviles en un armario al pasar la puerta principal. Porque lo que se esconde detrás de la segunda puerta es secreto. Y es impresionante: los mecánicos reparan al mismo tiempo 20 aviones de combate de la Fuerza Aérea Alemana, la Luftwaffe. Son los Tornados. “Cada uno pasa aquí un promedio de 350 días”, explica Katharina Semmler-Schuler, directora de mantenimiento del Tornado.

Flota obsoleta de la Guerra Fría

Una de las razones del largo período de mantenimiento es que faltan piezas de repuesto. Algunas tienen que ser fabricadas específicamente. O los empleados de Airbus utilizan un truco: las piezas se retiran de los aviones recién llegados y se instalan en los que están en reparación. “Nos las arreglamos”, dice Semmler-Schuler, aunque admite que “con el tiempo se hace más difícil”. Y más caro: según un documento confidencial del Ministerio de Defensa los costes de mantenimiento para 2019 ascienden a más de 600 millones de euros.

El Tornado es una reliquia entre los aviones de combate: construido en la década de 1980 y alabado entonces por sus capacidades de vuelo bajo, es ahora un modelo condenado a desaparecer. La Bundeswehr mantiene 85 de una flota que en su día llegó a contar con más de 350 aviones. El resto se han ido desmantelando gradualmente del servicio y utilizando para piezas de recambio.

Si no se abandonan completamente antes de 2025 es porque el Tornado es el único avión de combate de la Fuerza Aérea Alemana homologado por Estados Unidos para portar y, en su caso, utilizar las bombas atómicas estadounidenses almacenadas en Alemania.

Bombas atómicas estadounidenses en Alemania

“Participación nuclear”, así se conoce en la OTAN el modelo de disuasión nuclear al que se ha comprometido Alemania, al igual que Italia, Bélgica y los Países Bajos. Todos ellos  tienen bombas atómicas estadounidenses en su territorio y “comparten” la tarea con los norteamericanos: los aviones y las tripulaciones que lanzarían las bombas en caso de emergencia proceden del país respectivo.

En los ejercicios “Steadfast Noon”, el Ejército Alemán, la Bundeswehr, entrena el lanzamiento de las bombas atómicas estadounidenses una vez al año. Se estima que entre 15 y 20 de ellas se almacenan en una base de la fuerza aérea en la pequeña ciudad de Büchel, en el suroeste de Alemania, algo que nunca ha sido confirmado por el Gobierno Federal, por lo que es un secreto de Estado.

El hangar de reparación de los Tornado en la fábrica de Airbus de Manching.

¿Boeing o Airbus?

Sin el Tornado, Alemania no podría cumplir sus compromisos con la Alianza. Pero Berlín no parece tener prisa por buscarle un sustituto. Desde la reedición del gobierno de conservadores y socialdemócratas liderada por Angela Merkel hace dos años, el Ministerio de Defensa ha estado examinado la “sucesión del Tornado” con minuciosidad teutona. Hay dos modelos preseleccionados: El F/A-18 Super Hornet de Boeing y el Eurofighter Typhoon de Airbus, que ya tiene el Bundeswehr 138 aviones, pero hasta ahora no como “portadores de armamento nuclear”.

El Eurofighter es una producción conjunta europea con una fuerte participación alemana (además de España, Italia y Gran Bretaña). El avión se ensambla también en Manching, donde se reparan los Tornado. “Pensé que era una broma de mal gusto”, recuerda el mecánico Tobias Weber, uno de los 5.000 empleados de la fábrica, cuando se enteró de la posible compra del avión estadounidense. El vicepresidente de Airbus, Wolfgang Gammel, también rechaza la posibilidad de realizar la millonaria compra en Estados Unidos. “Mientras podamos ofrecer una alternativa europea, deberíamos seguir siendo europeos”. El Eurofighter Typhoon puede asumir el papel nuclear tan bien como cualquier avión estadounidense.

Francia y Alemania también han comenzado  a desarrollar un nuevo avión de combate de última generación, el FCAS (Future Combat Air System). Merkel ya señaló en mayo de 2017, pocos meses después de que Donald Trump asumiera el cargo de presidente estadounidense, que los días en que “uno podía confiar completamente en los demás” habían terminado y que los futuros proyectos de armamento serían más europeos.

Unas 15 o 20 bombas atómicas estadounidenses están almacenadas bajo tierra en la base aérea de Büchel, en Renania-Palatinado, al oeste de Alemania.

Críticas de París

El gobierno francés también se alertó cuando se enteró de que en Alemania se barajaba el cazabombardero sigiloso estadounidense F-35 del gigante militar Lockheed Martin, el avión de combate más moderno del mundo actualmente, como sustituto del Tornado. París temía que la compra del costoso F-35 podría ralentizar el proyecto FCAS y quitarle los fondos necesarios. Según los informes, el gobierno francés incluso amenazó con echar a Alemania del proyecto, por lo que el F-35 fue descartado.

“Nos dejamos chantajear por los franceses”, critica un político del Bundestag, que todavía considera que el F-35 es la mejor opción. Italia, Bélgica y los Países Bajos han elegido este modelo. Que ya ha sido certificado por los estadounidenses como “bombardero atómico”. “Ellos tienen un autobús moderno, nosotros una diligencia”, se queja este especialista en Defensa de la CDU.

Un avión de combate “listo para la acción”

Tras descartar el F-35, Berlín se plantea el F/A-18 Super Hornet, también de Boeing, aunque algo más modesto. Se habla de “un sistema probado con disponibilidad operativa”. El hecho de que el modelo tipo Growler pueda contrarrestar la defensas aéreas enemigas (como los sistemas de radar) es una ventaja estratégica para el Gobierno Federal, ya que pocos países pueden ofrecer esta tecnología. Para ello, el Eurofighter tendría que seguir desarrollándose más para lograrlo. Además, se supone que sería más rápido certificarlo como “bombardero atómico” que un avión europeo.

Pero hay otra razón a favor de los estadounidenses. “La Fuerza Aérea está muy descontenta con Airbus”, confiesa el político. La Bundeswehr ha estado a menudo insatisfecha con la calidad de los productos entregados, como con el avión de transporte A400M, aquejado de averías. “Tenemos un problema de comunicación con la Luftwaffe”, admite el vicepresidente de Airbus, Wolfgang Gammel.

La ministra federal de Defensa, Annegret Kramp-Karrenbauer (CDU), en la cabina de un Eurofighter.

Buscar un acuerdo

En su intento de complacer a todos –los partidos de la coalición de gobierno (CDU, CSU y SPD), la Fuerza Aérea, Francia, Estados Unidos y la industria nacional de armamento– el gobierno federal se ha metido en un callejón sin salida. La ex Ministra de Defensa alemana, Ursula von der Leyen, pospuso la decisión durante mucho tiempo; ahora la tomará su sucesora, Annegret Kramp-Karrenbauer, también de la CDU. 

Todo apunta a una solución de salomónica: adquirir los F/A-18 como bombardero nuclear y los Eurofighters para todas las demás tareas de la Fuerza Aérea. Se comprarían 40 unidades de cada uno, a un precio global de, al menos, diez mil millones de euros. Pero incluso con esta solución habrá descontentos: en el partido socialdemócrata SPD, el socio minoritario de gobierno, muchos critican que se sigan teniendo bombas nucleares estadounidenses en Alemania y que, además, se tengan que comprar caros aviones estadounidenses para manejarlas. La escalada del conflicto en Irak muestra lo problemática que puede llegar a ser la presencia de estas bombas en Alemania, se quejó el nuevo presidente del SPD, Norbert Walter-Borjans, a principios de enero.

Costos enormes

Por lo tanto, las fuentes consultadas esperan que el Ministerio de Defensa inicie primero las negociaciones con los fabricantes y posponga la conclusión de los contratos de compra hasta que el ya dividido gobierno de gran coalición llegue a su fin. Para el Tornado esto podría significar que tenga que seguir volando mucho más allá del fin de su vida útil, previsto para el año 2025. La decisión tardía afectaría entonces a los bolsillos de los contribuyentes: mantener la flota de Tornados hasta el 2030, según los cálculos del Bundestag, podría costar la enorme suma de 13.000 millones de euros.

Deutsche Welle

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