Aunque se sospecha que hay actividad militar rusa en Svalbard, Noruega no podría hacer frente a un ataque.

El 9 de febrero de 1920, tras la Conferencia de París, Noruega obtuvo el reconocimiento de su soberanía sobre el archipiélago de Svalbard, situado en medio de una zona marítima de unos 800.000 km², no lejos del Polo Norte. A cambio, esta región fue declarada zona desmilitarizada y los nacionales de los 40 países que firmaron el “Tratado de Spitsbergen” tenían derecho a explotar sus recursos naturales. Además, Francia cuenta todavía con dos estaciones de investigación, las bases “Charles Rabot” y “Jean Corbel”.

En la década de 1930, las relaciones entre Oslo y Moscú se vieron sometidas a cierta tensión cuando las minas de carbón de Barentsburg, situadas a 55 km de Longyearbyen, la capital administrativa del archipiélago de Svalbard, fueron vendidas por su propietario holandés a los soviéticos, que se hicieron cargo de una superficie de 250 km². Los noruegos no pudieron oponerse, debido al tratado firmado en 1920.

Durante la Guerra Fría, el archipiélago de Svalbard fue “teóricamente” desmilitarizado en 1955, como parte de la operación “Sunshine”, los servicios de inteligencia noruegos y estadounidenses desplegaron el Godønes, un barco pesquero que en realidad estaba equipado con equipos electrónicos para interceptar las emisiones de radio soviéticas en el mar de Barents. Pero la URSS no se quedaba atrás, ya que había instalado medios en Barentsburg para controlar las comunicaciones de la OTAN y los movimientos de los submarinos.

Y cuando, en los años 70, se construyó un aeródromo cerca de Longyearbyen, los soviéticos exigieron poder utilizarlo y colocar a sus hombres allí, dado que en Moscú existía el temor de que esta infraestructura fuera utilizada por los cazabombarderos de la OTAN.

El final de la Guerra Fría aplazó sus pretensiones. Hasta hace poco, porque, el archipiélago de Svalbard es rico en hidrocarburos.

Así, según el especialista noruego en asuntos de defensa AldriMer, se ha informado de que “equipos tácticos rusos” han llevado a cabo operaciones militares en el archipiélago de Svalbard, mientras que otras unidades, también rusas, han realizado “operaciones de reconocimiento” con especial atención a las infraestructuras críticas. Los medios, que se basan en fuentes de inteligencia afirman que un submarino P-650 Midget, utilizado para misiones especial, también habría sido utilizado.

La embajada rusa en Oslo negó categóricamente la información de Aldrimer, calificándola como “noticias falsas” y “provocaciones” destinadas a “justificar un aumento en el presupuesto de defensa noruego”. 

Pero preguntado por el diario Klassekampen y la radio pública NRK, el Ministerio de Defensa de Noruega dijo que no tiene “información sobre las acusaciones hechas en este caso” y se niega a comentar sobre “solicitudes indocumentadas de fuentes anónimas”.

De hecho, a pesar de que Oslo no redujo drásticamente su gasto militar en el momento de la crisis financiera de 2008, como lo hicieron casi todos los países europeos en ese momento, y aunque las fuerzas noruegas deberían beneficiarse de un presupuesto equivalente al 1,8% del PIB en 2020, las cifras no son las mismas.

Así, en marzo pasado, el general Tonje Skinnarland, jefe de la Fuerza Aérea noruega, deploró la falta de pilotos y técnicos calificados, así como los costes operativos del mantenimiento de los F-35A. Pero este problema también se aplica a las fuerzas navales y terrestres. El Ministerio de Defensa de Noruega emplea a 23.250 personas, incluyendo personal militar y civil.

“Ahora el ejército es demasiado pequeño para su tarea más esencial: defender el territorio noruego hasta que lleguen los refuerzos aliados”, dijo el general Rune Jakobsen. En cuanto a la marina noruega, tiene una fragata menos por el accidente y hundimiento de una fragata tras el Ejercicio Trident Juncture, 2018, mientras que otra está en mantenimiento y una tercera participa en una misión de la OTAN.

Sin embargo, el general Jokobsen no especificó el tiempo que las fuerzas noruegas podrían mantenerse hasta la llegada de fuerzas aliadas en caso de un ataque. 

Laurent Lagneau

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