El Pentágono trabaja en el F-35 para que pueda incorporar armas nucleares.

El Departamento de Defensa de Estados Unidos ha reconocido en un informe que el coste de su programa de aviones de combate F-35 está aumentando a medida que planea actualizar la aeronave con varias características nuevas, entre las que se incluyen la capacidad de transportar cargas nucleares.

En el último informe de adquisición publicado la semana pasada, el Pentágono ha pedido un aumento en el presupuesto para el próximo año, ya que el coste del programa del caza furtivo ha crecido alrededor de 25.000 millones de dólares en 2018, según ha publicado la Agencia Internacional de Noticias (UPI) el lunes.

El informe señala que el coste adicional del programa ha sido el “principal impulsor” de un aumento del 4 por ciento en el gasto militar total.

El incremento se produce a medida que Lockheed Martin introduce nuevas mejoras en los aviones a petición del Pentágono, a medida que éste identifica nuevas amenazas y necesidades de combate.

El último paquete de actualización, conocido como Bloque 4, incluye modificaciones a los aviones ya existentes y en aquellos que se encuentran en producción que añaden los nuevos sistemas y armas.

La capacidad de transportar armas nucleares, hacer un mayor uso del software avanzado a bordo del avión y otras no comentadas por secreto militar, son algunas de las características clave que se añadirán utilizando el nuevo presupuesto.

El informe indica que la incorporación de las nuevas actualizaciones aumentará los gastos de despliegue y mantenimiento de los aviones, otra de las razones por la que se solicita el aumento del presupuesto.

Los costes serán cubiertos a lo largo de los 53 años de vida útil operativa estimada del F-35, incluyendo el diseño y desarrollo, reparaciones, modificaciones y mejoras, así como repuestos y operaciones.

El aumento en los costes se produce en medio de las crecientes críticas de que los F-35 están sufriendo demasiados problemas técnicos a pesar de contar con un presupuesto excesivamente elevado.

A principios de este mes, el senador estadounidense Chuck Grassley escribió una carta al jefe del Pentágono Mark Esper, en la que decía que los problemas que “plagaban” el programa ponían en peligro la vida de los pilotos y provocaban un derroche financiero.

Grassley ha urgido al Pentágono a dar explicaciones claras y preparar informes completos sobre los costes del programa y las partes instaladas que no estaban listas para su uso.

Esper comentó en una audiencia en el Congreso en el mes de julio que la flota estadounidense de aproximadamente 300 F-35, operada por la Fuerza Aérea, la Armada y el Cuerpo de Marines, “no se espera” que alcance el objetivo de preparación establecido en septiembre de 2018 por su predecesor, James Mattis.

Según documentos obtenidos por Defense News, el F-35B de aterrizaje vertical del Cuerpo de Marines y el F-35C de la Marina se enfrentan a lo que los servicios llaman deficiencias de “categoría 1”, lo que en términos militares significa que pueden impedir que un piloto cumpla su misión.

El recubrimiento de sigilo que cubre el cuerpo del F-35B ha sufrido burbujas y ampollas en algunos vuelos de prueba, lo que aumenta la posibilidad de detección por radar.

Los F-35C de la Armada se ha enfrentado a daños estructurales como resultado del calor extremo producido por el único motor del avión, uno de los motores a reacción más potentes jamás fabricados.

Los problemas han llevado al Pentágono a ordenar a los pilotos de los F-35B y F-35C que vuelen a velocidad supersónica durante menos de un minuto cada vez.

UPI

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