Europa frente a la nueva situación estratégica nuclear.

La retirada de los Estados Unidos del Tratado de Misiles de Alcance Intermedio (Tratado INF, Intermediate-Range Nuclear Forces), y que dicha retirada se haya producido merced a la Administración Trump, ha acaparado el protagonismo mediático en las últimas semanas. La general animadversión hacia el presidente de los Estados Unidos que se da en los medios occidentales a desviado de la atención que ya Bush y Obama se plantearon la ruptura del acuerdo ante las violaciones de Rusia y el crecimiento del potencial militar chino. Pero sin entrar a valorar las causas de la ruptura del tratado o buscar algún culpable al que achacar una nueva carrera de armamentos, el hecho cierto es que Europa es sin lugar a dudas la región más afectada, puesto que el tipo de misiles a los que hacía referencia se encontraban basados en el viejo continente y su uso se circunscribiría al mismo, estos eran los famosos “euromisiles” que cobraron fama en la llamada segunda Guerra Fría.

La cuestión es que el fin del acuerdo, las malas relaciones con Rusia y el conflicto por la hegemonía regional en Oriente Medio (con gran cantidad de misiles y un programa nuclear de por medio) ponen a Europa en una situación de grandes riesgos. Todo ello en un momento en que el atlantismo no parece pasar por sus mejores momentos, debido al distanciamiento de los europeos con Trump y el propio giro norteamericano hacia Asia que ya se inició con Obama. Ante este contexto quizás ha llegado el momento de plantear una profunda revisión de la defensa europea. Sin embargo, lo cierto es que hasta ahora todas las iniciativas europeas de Defensa han resultado, como mínimo, inoperantes o puro papel mojado, y a pesar de todo el ruido que se genera desde Bruselas cuando se vuelve a hablar por enésima vez de alguna nueva iniciativa, ni el Brexit parece haber cambiado esta realidad. Por lo tanto, parecen quedar únicamente dos direcciones en las que mirar, de un lado a la OTAN o bien a los Estados en particular.

Almacén con bombas nucleares estadounidenses B61.

Dicha revisión quizás debe empezar por el que parece el tema tabú de las armas nucleares europeas, actualmente sólo británicos y franceses disponen de artefactos nucleares de construcción propia, y en breve sólo los franceses dispondrán de estas armas en el seno de la UE, además los Estados Unidos tienen arsenales bajo su control en Alemania, Italia, Bélgica, Países Bajos y Turquía, todo dentro de la política de compartición nuclear de la OTAN, con lo que dichas armas y sus códigos se encuentran bajo custodia de fuerzas americanas y únicamente podrían ser usadas por los países correspondientes con la autorización de los Estados Unidos. Con lo que la pregunta que nos hacemos es si los Estados europeos deberían, ante este nuevo marco, revisar su política para con las armas atómicas y reforzar los arsenales y la capacidad de los vectores existentes. Como mínimo la nueva situación invita al menos a plantear el tema, y ciertas noticias, como el interés alemán en si el caza Eurofighter podría desplegar bombas atómicas, parecen indicar que países como Alemania no son indiferentes a la cuestión.

Por un lado, se puede plantear el aumento de los arsenales bajo control norteamericano, en el marco de la política de compartición nuclear de la OTAN, mientras a la vez se da una modernización o adquisición de los vectores por parte europea. Esto equivaldría a estudiar la adaptación de las bombas norteamericanas al Eurofighter y/o la compra del F-35, y también el posible desarrollo de misiles tácticos. Otra opción sería aumentar tanto las cabezas nucleares francesas y británicas como los vectores europeos, aunque se plantea el problema de los desequilibrios que podrían generarse en el seno de la UE al convertirse Francia en el único poseedor de armas nucleares y el único responsable de las mismas, junto a los costes económicos que ello conllevaría, sobre todo con un arsenal ampliado. Finalmente, la opción menos probable sería que otros países como Alemania, Italia o España se dotaran de armas nucleares propias, se poseen las capacidades y la tecnología para que esto se pudiera lograr e incluso se podría estudiar la posibilidad de contar con asistencia francesa o norteamericana en el desarrollo de estas. Sin embargo la situación política de estos países no parece muy favorable a una solución en este sentido.

Es indudable que el tema de las armas nucleares, y el mero hecho de plantear una revisión de la política que no vaya en el camino del desarme, va a resultar impopular. Sin embargo, no parece responsable adoptar una política de corte idealista ante el nuevo escenario global y regional que no se encamina, precisamente, en dirección al desarme. Es por ello que desde los distintos países europeos debemos comenzar a plantear la cuestión e iniciar el debate sobre este crucial punto de nuestra defensa, tratando de encontrar el mejor modo de reaccionar ante estos cambios que se nos presentan en el escenario estratégico. Quedarse quietos no es, desde luego, una buena opción. 

Las opiniones expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor: Eliseo Fernández, profesor de la Universidad Europea Miguel de Cervantes.

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