La Fuerza Aérea de EE.UU. planea retirar sus bombarderos B-1 Lancer más usados.

Durante un tiempo amenazado antes de ser confirmado por la administración Reagan, el bombardero estratégico B-1 Lancer fue desarrollado para dar a la Fuerza Aérea de Estados Unidos la capacidad de penetrar las defensas soviéticas a una velocidad supersónica y a baja altitud. Un total de 100 unidades fueron puestas en servicio.

Después de la Guerra Fría, el Pentágono decidió modificar la dotación de personal de los restantes B-1 a fin de que pudiera participar en misiones convencionales. Y desde finales de la década de 1990, estos dispositivos han sido utilizados ampliamente. Prueba de ello son las 10.000 salidas aéreas que han realizado en Afganistán y Oriente Medio.

La preocupación es que, al usarlos en condiciones para las cuales no fueron diseñados, los B-1 Lancer presentan ahora “problemas estructurales significativos” que no estaban previstos. Esto fue admitido por el general David Goldfein, jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea, que explicó, “llevamos más de 18 años utilizando el B-1 en su configuración menos óptima y esto ha gastado a la flota”.

De hecho, las misiones de apoyo aéreo para las que se solicitan regularmente estos aviones suponen volar lentamente a gran altitud. Y, como resultado, han aparecido problemas con sus alas de geometría variable. Y, a pesar de una reciente actualización, con la integración de un nuevo enlace de datos (FIDL, Enlace de datos totalmente integrado), una pantalla de Actualización de visualización de situación (VSDU) y un sistema Central Integrated Test System (CITS), el mantenimiento de estos dispositivos en condiciones operativas se hace aún más complicado y costoso, con la dificultad de encontrar componentes electrónicos que ya no están en el mercado.

De ahí la muy baja tasa de disponibilidad de estos bombarderos. De los sesenta y tantos aún en plantilla, solo seis estaban “en condiciones de combate”, según un funcionario de la Fuerza Aérea. Además, en los últimos meses, los B-1 Lancer han sido inmovilizados dos veces, en particular debido a problemas con sus asientos eyectables.

Además, el general Goldfein reveló recientemente que la Fuerza Aérea de Estados Unidos planea reducir el número de B-1 Lancer, dado que el coste de su mantenimiento es ahora demasiado alto. Esto permitiría que los dispositivos puestos fuera de servicio se “canibalizarían” en beneficio de los que se mantuvieran. Y el dinero ahorrado, explicó, beneficiaría al B-21 Raider, el futuro bombardero estratégico estadounidense, que actualmente está siendo desarrollado por Northrop-Grumman.

Además, esta medida posiblemente podría retrasar la retirada de la flota B-1, programada para 2036. Debido a que la Fuerza Aérea tampoco tiene la intención de privarse de las capacidades de penetración de bajo nivel que ofrece este avión …

Laurent Lagneau

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