Lockheed Martin trabaja en el desarrollo de un caza híbrido F-22 – F-35 para la Fuerza Aérea de EE.UU. y Japón.

Existe una posibilidad cada vez mayor de que Estados Unidos y Japón unan sus fuerzas en el proyecto, lo que podría ofrecer grandes beneficios para ambos países.

Lockheed Martin está lanzando la idea de un nuevo avión de combate que combinaría las características del F-22 Raptor y del F-35 Joint Strike Fighter para la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Al mismo tiempo, también continúa ofreciendo una propuesta similar al gobierno japonés y, ahora está dispuesto a permitir que las empresas japonesas se encarguen de una parte importante de la investigación, el desarrollo y la producción del avión.

Marcus Weisgerber de Defense One fue el primero en conocer que el gigante de la defensa con sede en Maryland estaba buscando vender a la Fuerza Aérea de Estados Unidos la idea de un diseño híbrido que combinara elementos de sus dos ofertas anteriores de cazas furtivos. A principios de agosto de 2018, el Nikkei Asian Review también reveló nuevos detalles de las conversaciones en curso de Lockheed Martin con Japón sobre un avión parecido,  que las autoridades japonesas esperan que esté listo para en servicio en 2030.

David Deptula, teniente general retirado de la Fuerza Aérea de los EE.UU. le dijo a Defense One “No estoy sugiriendo que nos lancemos a ello y lo aceptemos, pero desde la perspectiva japonesa, cuando están mirando y dispuestos a invertir en este tipo de alternativa en lugar de tratar de construir un avión autóctono -que no se va a acercar a lo que un F-22 ya puede ofrecer- sería un movimiento inteligente por su parte”.

Según los informes, el concepto de Lockheed Martin combinaría las características principales del F-35, como su avanzado ordenador de misión y su amplio conjunto de sensores interconectados , con un diseño de fuselaje derivado del F-22. El avión resultante también podría incorporar las experiencias aprendidas en los revestimientos furtivos y otros complejos procesos de fabricación necesarios para aviones sigilosos y otros avanzados aviones que ha aprendido del F-35 en el diseño y la producción de la nueva aeronave.

Avión F-35A durante la ceremonia de entrega.

Esto no solo podría tener un impacto positivo en los costes de producción y en a capacidad general, sino que también podría reducir significativamente el coste por hora de vuelo en comparación con el F-22. La piel absorbente al radar del Raptor es notoriamente exigente para los mantenedores e impacta negativamente la disponibilidad y el coste de operación el avión. El F-35 introdujo un nuevo concepto de mantenimiento más bajo que supuestamente resuelve muchos de estos problemas. 

Si la Fuerza Aérea de los EE.UU. actúa incluso como una parte menor interesada en un proyecto liderado por sus homólogos japoneses, podría ayudar significativamente a distribuir la carga de costes de desarrollo. Ahora parece muy probable que el propio Lockheed Martin esté presentando esta realidad a ambas partes.

Según se informa, la compañía ha estado proponiendo un acuerdo según el cual, ella o sus subcontratistas, construirían inicialmente el fuselaje principal, los motores y los sistemas de misión en los Estados Unidos, pero utilizando un porcentaje cada vez mayor de piezas japonesas, según Nikkei. Mitsubishi Heavy Industries en Japón construiría las alas para empezar, que según se informa serán más grandes y más fuertes que las del F-22 para sostener tanques de combustible más grandes con el fin de darle al nuevo caza un radio de combate sin combustible de casi 700 millas sin la necesidad de tanques de caída que negarían sus características furtivas.

Un F-22 con un par de tanques de caída.

Pero el diseño básico permitiría específicamente la eventual sustitución tanto de los componentes del sistema de misión suministrados por Mitsubishi Electric como del motor XF9-1 de IHI. Si Lockheed Martin y Japón pudieran ponerse de acuerdo sobre cómo aplicar esas opciones, las empresas japonesas podrían ser responsables de más del 60 por ciento del trabajo de producción, explicó Nikkei. Incluso sin esta participación más amplia en el desarrollo y la construcción de la aeronave, el proyecto del avión de combate podría ofrecer al gobierno de Tokio una importante oportunidad para la transferencia de tecnología y obtener contratos para que las empresas nacionales suministren una serie de componentes más pequeños.

Quizás lo más importante es que el avión resultante probablemente sea lo suficientemente japonés y lo suficientemente distinto del F-22 como para evitar una serie de complicaciones de exportación. Japón ha intentado en múltiples ocasiones comprar Raptors, pero fue rechazado por el gobierno de Estados Unidos en cada ocasión. El hecho de que también incluya muchos elementos que ya se encuentran en el F-35 también ayuda con las preocupaciones de exportación, ya que el país es ahora parte de ese programa.

Un programa de caza furtivo compartido entre Japón y Estados Unidos ofrecería a ambos países los beneficios de costes unitarios menores. Nikkei informó que Lockheed Martin había estimado que cada híbrido F-22-F-35 costaría alrededor de 216 millones de dólares si el pedido total era de 70 aviones. Esto bajaría a menos de 190 millones por unidad si la orden se duplicara. 

F-22 Raptor de la Fuerzas Aérea de Estados Unidos.

Esto es más del doble del coste unitario de una nueva variante del F-35A en la actualidad, pero es menor que el precio estimado por avión si la Fuerza Aérea decidiera reiniciar la línea de producción del F-22 por su cuenta y aceptara comprar 194 aeronave, según los propios cálculos del servicio. Bajo un acuerdo de cooperación ideal, los EE.UU. podrían pagar muy poco del desarrollo de la aeronave y otros costes no recurrentes, básicamente comprando los fuselajes solo por el costo unitario. 

Para volver a poner el F-22 en producción, la USAF calculó que estos costes ascenderían a unos 10.000 millones de dólares. 

Tal arreglo también presenta una manera para que la Fuerza Aérea de los EE.UU. finalmente refuerce el tamaño de su flota de F-22 sin tener que invertir fuertemente en un nuevo programa de desarrollo que podría enfrentarse a la oposición de altos funcionarios o miembros del Congreso por temor a quitarle dinero al F-35. Cada vez es más aceptado que la decisión del gobierno de Estados Unidos de comprar menos de 200 aviones F-22 ha demostrado ser una mala decisión a largo plazo y ha limitado la capacidad de esos aviones para cumplir con las misiones que la Fuerza Aérea les había asignado.

Al mismo tiempo, la Fuerza Aérea ya está considerando la posibilidad de adquirir los F-15X mejorados de Boeing para cubrir varios puestos. Este plan ofrece una forma de bajo riesgo de adquirir aeronaves adicionales con capacidades únicas que serían complementarias a las del F-35, a la vez, no perjudiciales para la parte del presupuesto del F-35.

El gobierno japonés ha asignado más de 50.000 millones de dólares en total tanto para el desarrollo y la producción de los aviones, que ya son 10.000 millones de dólares más de lo que había sugerido que costaría un programa nacional de aviones de combate de quinta generación en 2016.

Es probable que Japón también está ansioso por evitar la repetición del avión de combate F-2, que desarrolló con la ayuda de Lockheed Martin. Aunque derivado del F-16, los reactores eran mucho más caros que sus homólogos estadounidenses, en gran parte debido al pequeño número producido pero también debido al radar AESA de vanguardia del avión. Además, el proyecto no dio lugar  a muchas de las compensaciones industriales esperadas.

Lockheed Martin trabajó junto con Japón en su último proyecto de avión de combate “doméstico”, que produjo el F-2.

Los beneficios potenciales de un programa compartido entre Estados Unidos y Japón para desarrollar un híbrido F-22-F-35 ya han sido claros, al igual que las ventajas de que Japón lidere el esfuerzo y aporte una cantidad significativa de los fondos. Ahora, como se predijo, la Fuerza Aérea parece por lo menos estar contemplando la idea de convertir esta propuesta en una realidad.

Tyler Rogoway

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