Los F-35 de Australia: lecciones de una compra problemática.

La prisa de hace casi 20 años por comprar el caza del futuro ha puesto de manifiesto deficiencias fundamentales en las adquisiciones de defensa.

En una sorprendente declaración publicada este mes, dos recientes jefes de la Fuerza Aérea afirman que Australia ha cometido graves errores en la estructura de la fuerza. Parece que la RAAF (Royal Australian Air Force) necesita un nuevo bombardero, ya que el nuevo F-35 Joint Strike Fighter que está entrando en servicio es inadecuado para futuras operaciones de ataque. La intervención de los jefes plantea interrogantes sobre cómo pudo haber sucedido esto y, dadas las crecientes tensiones internacionales, cómo se pueden evitar estos costosos errores estratégicos.

Australia se unió al programa F-35 dirigido por Estados Unidos en 2002. No hubo proceso de licitación ni evaluación formal. Ni podría haberla. El avión seguía siendo un catálogo de artículos, con un calendario de entrega y un coste desconocidos, aunque ya se consideraba la compra del equipo de defensa más costosa de Australia.

La repentina decisión sorprendió a muchos, ya que el Libro Blanco de Defensa del Gobierno de Howard 2000 había establecido un amplio proceso de toma de decisiones que investigaba opciones alternativas de estructura de fuerzas, incluidos aviones de combate monoplazas, aviones múltipropósito, misiles de largo alcance y aviones no tripulados. La razón detrás de la inesperada prisa por comprar los F-35 fue explicada públicamente por el entonces jefe de la Fuerza Aérea. Desafortunadamente, poco después de la decisión, el F-35 comenzó a sufrir problemas técnicos, aumento de costes y grandes retrasos.

Los dos primeros F-35 llegaron finalmente a Australia a finales de 2018, con los últimos nueve planeados para mediados de 2023. Se espera que estos nueve sean la versión del Lote 15 Bloque 4, el estándar completamente desarrollado ampliamente previsto en el año 2002. El resto, que comprende seis estándares diferentes de construcción provisional, se modernizará progresivamente hasta llegar a esta configuración definitiva.

El avión del Lote 15 tiene cambios significativos en el hardware y el software, por lo que el sistema completo de mantenimiento y soporte, los simuladores y los centros de formación también tendrán que modernizarse. Esto llevará tiempo y dinero adicional, pero no hay otra opción. Si no se moderniza, los anteriores F-35, casi toda la nueva flota de la RAAF, serán difíciles de mantener o de actualizar el software, y poco a poco serán deficientes desde el punto de vista operativo.

La llegada de los nueve aviones del lote 15 permitirá a la RAAF declarar la Capacidad Operativa Final y comenzar a concluir el proyecto de adquisición. En 20 años, el proyecto ha sufrido un retroceso de 10 años.

Este retraso hizo necesario un avión provisional, el Super Hornet. La financiación de este proyecto  significó que el proyecto general de capacidad de combate aéreo tuvo el mayor sobrecoste de cualquier adquisición de defensa australiana en la historia, en términos absolutos.

Sin embargo, para empeorar las cosas, el entorno de amenazas evolucionó.

En 2017, la USAF revisó sus programas de combate aéreo y determinó que, a pesar de todo, el F-35 no podría penetrar en el espacio aéreo defendido más allá de 2030. La lógica que sustenta este informe fue explicada más tarde públicamente por su autor principal. Los recientes pronunciamientos de los jefes retirados de la RAAF no son sorprendentes. Consideran que la estructura de fuerzas de la RAAF ha quedado obsoleta, al no poder defender “nuestras líneas de comunicación o evitar la instalación de una potencia hostil en la región del Indo-Pacífico”.

Peter Layton

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