Se eleva nuevamente la tensión entre Arabia Saudita e Irán.

La renuncia de Saad Hariri primer ministro del Líbano, el 4 de noviembre es sin duda el resultado del enfrentamiento en la región entre Arabia Saudita (suníes) e Irán (chiítas). Al decir, que teme por su vida permaneciendo en el Líbano, el ex primer ministro insinúa que Hezbolá, la organización islámica musulmana chií libanesa que cuenta con un brazo político y otro paramilitar, se ha vuelto demasiado poderosa, lo que sirve a los intereses de Teherán, que también mantiene a Israel en el punto de mira.

Además, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, dijo que “la renuncia de Hariri debe ser una llamada de atención. Debemos detener a Irán” -antes de decir que Israel no permitiría a Teherán- colonizar Siria. “Cuando los israelíes y los árabes se ponen de acuerdo en una cosa, el mundo debe estar atento”.

Esta lucha entre Riad y Teherán no solo se desarrolla en Líbano: Yemen es otro campo de confrontación. Allí, Arabia Saudita encabeza una coalición para apoyar al presidente yemení, Abd Rabbo Mansour Hadi, que se enfrenta a una rebelión houthi respaldada por Irán.

El día en que Saad Hariri anunció su renuncia, las autoridades saudíes anunciaron la interceptación y destrucción de un misil balístico que se dirigía al aeropuerto internacional Rey Khaled de Riyadh. Según la agencia oficial de noticias SPA, el misil fue disparado desde Yemen, lo que no es la primera vez para las fuerzas sauditas.

“Fragmentos dispersos de este misil cayeron en un área deshabitada del aeropuerto de Riad y no hubo víctimas”, dijo Tourki al-Maliki, portavoz de la coalición árabe en Yemen.

Más tarde, los rebeldes de Houthis confirmaron haber efectuado el disparo. De ahí la advertencia dirigida a Irán. “El liderazgo de las fuerzas de la coalición considera esto una descarada agresión militar del régimen iraní que podría equivaler a un acto de guerra”, dijo la coalición árabe.

Los Houtis, carecen de los medios para desarrollar misiles balísticos capaces de recorrer 750 kilómetros, como el lanzado contra Riad, los houtis sólo tienen dos medios de obtenerlos: robarlos de los arsenales de las fuerzas yemeníes o recibirlos de un tercer país. De ahí las acusaciones contra Teherán.

La respuesta de Irán fue rápida. El 5 de noviembre, Bahram Ghassemi, portavoz de la diplomacia iraní, rechazó las acusaciones sauditas y las calificó de “injustas, irresponsables, destructivas y provocativas”. Añadió que este lanzamiento de misiles fue sobre todo una reacción de los rebeldes houthi a los crímenes de guerra y varios años de agresión de los saudíes.

Unas horas antes, el ministro de Asuntos Exteriores de Arabia Saudita, Adel al-Jubeir, había sido muy firme con Teherán. “La interferencia iraní en la región está dañando la seguridad de los países vecinos y afectando la seguridad y la paz en el mundo”.

Afirmando posteriormente que “el terrorismo de Irán sigue asustando a personas inocentes, matando niños y violando el derecho internacional” y que cada vez era más claro que la milicia Houthi, era una herramienta terrorista para destruir Yemen”.

Una posición sostenida, como era de esperar, por los Estados Unidos. “El régimen iraní confirma una vez más su completo desprecio por sus obligaciones internacionales”, dijo Nikki Haley, representante de Estados Unidos ante las Naciones Unidas.

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