Un F-16 holandés realiza un aterrizaje de emergencia después de que el avión se dispare a sí mismo.

Un avión de combate F-16 que sobrevolaba los Países Bajos en un ejercicio de entrenamiento recibió un impacto de un proyectil, que resultó ser su propia munición, cuando el piloto disparó el cañón rotatorio de 20 mm del avión.

El piloto de la Real Fuerza Aérea de los Países Bajos siguió los procedimientos de emergencia y pudo realizar el aterrizaje en la Base Aérea de Leeuwarden después de que el avión sufriera “daños considerables”, según un informe de los medios estatales holandeses.

Según el informe, al menos una bala desgarró el exterior del avión, mientras que también se encontraron fragmentos de municiones en el motor del avión.

 “Este es un incidente grave”, dijo a los medios Wim Bagerbos, inspector general del Departamento de Defensa de los Países Bajos y por lo tanto, queremos investigar a fondo qué sucedió y cómo podríamos evitarlo en el futuro.

Últimamente, los aviadores estadounidenses han tenido que enfrentarse a una gran cantidad de contratiempos en las aeronaves, especialmente los incidentes relacionados con fallos en los sistemas de oxígeno en vuelo que han provocado un aumento de los episodios respiratorios ya conocidos.

Pero un avión que se dispara a sí mismo, especialmente con su propio cañón automático, es casi inaudito e imposible.

Thomas W. Attridge se convirtió en el primer piloto en hacerlo en septiembre de 1956 cuando, volando como piloto de pruebas para Grumman, el ex oficial de la Marina de 33 años derribó su propio avión Grumman F-11 Tiger, un caza embarcado monoplaza que sirvió en la Armada durante las décadas de 1950 y 1960, similar a la variante utilizada por Los Ángeles azules durante los años sesenta.

A una altura de 20.000 pies, Attridge entró en una inmersión o zambullida violenta mientras disparaba el cañón rotatorio de 20 mm del Tiger.

Continuando con la inmersión hasta los 7.000 pies, Attridge agotó la munición del arma antes de que el avión fuera alcanzado por lo que él presumió ser un golpe de pájaro.

Sin embargo, al poco tiempo, el motor comenzó a fallar, y su regreso de emergencia a la pista de aterrizaje de Grumman fue imposible estrellándose contra unos árboles justo antes de la pista.

Attridge sobreviviría al choque, con numerosos huesos rotos, y seguiría más tarde trabajando en tierra en el módulo lunar Apollo.

La investigación sobre su accidente encontró que las balas que disparó durante su rápido descenso sufrieron suficiente resistencia como para disminuir drásticamente su velocidad.

A medida que la aceleración del reactor aumentaba, logró ganar en velocidad a sus propias balas en el aire.

No se ha dado explicación definitiva para el percance del F-16 holandés, pero en cualquier caso, un avión de fabricación estadounidense ha vuelto a hacer historia.

La investigación de tan extraño suceso sigue en curso.

Military Times

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