Estados Unidos quiere fabricar armas rusas.

El ejército de Estados Unidos quiere comprar armas diseñadas por la Unión Soviética, que puedan ser usadas por los aliados americanos que utilizan este tipo de equipo hoy en día. Esto incluye “municiones y artículos de armas producidos y utilizados por la antigua Unión Soviética (FSU) o los países del Bloque del Este”, según indica un anuncio de contrato.

Estos artículos “no pueden ser adquiridos a través del sistema de suministros del Ejército”, dice el anuncio de manera útil. El objetivo final es otorgar un contrato de cinco años – programado entre 2022 a 2026 – para fabricar municiones que serán entregadas en los EE.UU. y en el extranjero.

La lista de objetivos del Ejército incluye una asombrosa variedad de armas, a juzgar por una presentación realizada en junio de 2020 por el Director de Productos de Municiones y Sistemas de Armas Especiales. El objetivo comprende misiles guiados antitanque de diseño soviético, cohetes de campo lanzados desde tierra y aire, obuses y municiones de mortero que van desde ligeros proyectiles de 60 milímetros hasta los pesados de 152 milímetros, proyectiles de cañón de tanque de 125 milímetros, municiones de cañón de 23 y 30 milímetros, cohetes antitanque RPG y balas para rifles AK-47 y AK-74.

La Unión Soviética se convirtió en una página histórica hace 30 años por su profusión de material bélico. Sin embargo, quizás el legado más perdurable del imperio soviético son las colosales cantidades de armas que suministró a sus países satélites de Europa oriental, a los gobiernos del Tercer Mundo y a diversos guerrilleros y terroristas. También hay muchas naciones, como China y Bulgaria, que en la actualidad producen y exportan todavía armas de diseño soviético. Los rifles, artillería y tanques fabricados en Europa del Este han terminado en las primeras líneas de conflictos como la guerra civil de Siria.

Pero, obtener municiones de diseño soviético puede no ser tan fácil. En la presentación realizada por el ejército de Estados Unidos se señalan los problemas que se plantean, entre otros, las “fuentes de suministro limitadas” y la renuencia de algunas naciones europeas a permitir que esas municiones transiten por su territorio.

Curiosamente, otro obstáculo es que algunos proveedores podrían ser demasiado desagradables políticamente para que Washington haga negocios con ellos: “Es posible que ya no se permita trabajar con proveedores previamente aceptables”, advierte el ejército estadounidense. El Ejército también probará las municiones para asegurarse de que cumplen las especificaciones.

La idea de usar armas extranjeras no es exactamente nueva. Las agencias de inteligencia y las fuerzas especiales de todo el mundo han utilizado armas extranjeras durante operaciones encubiertas, para preservar la negación de la acción. En 2017, el Comando de Operaciones Especiales buscó fabricantes estadounidenses para construir ametralladoras pesadas y ligeras de la era soviética que pudieran ser suministradas a los aliados de EE.UU. Los fabricantes de defensa rusos han denunciado tales planes como robo, a pesar de la historia de Rusia de copiar armas de diseño occidental como el bombardero B-29. Los fabricantes de armas rusos también han atacado, pero menos, a China por copiar sus productos.

¿Por qué querría EE.UU. adquirir armas de la era soviética para sus aliados, en lugar de enviarles armas americanas? La respuesta es de una simple conveniencia. Muchos gobiernos y grupos a los que Estados Unidos apoya, especialmente en el Medio Oriente y África, han usado equipo soviético durante muchos años.

Se podría decir que las armas modernas americanas son superiores a los viejos diseños de la Guerra Fría. Pero serían más complicadas de entender, de mantenimiento intensivo y requerirían un nuevo adiestramiento de los clientes para usar el equipo de estilo occidental. El AK-47 y el RPG-7 pueden ser diseños antiguos, pero son robustos, fiables y los combatientes de Nicaragua, Somalia y Siria saben cómo usarlos.

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Michael Peck

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