Japón debe aumentar urgentemente el gasto en defensa.

La razón principal es la autodefensa, no un favor a Washington.

Japón necesita gastar mucho más en defensa. Aunque las relaciones entre Tokio y Washington son muy sólidas, el simple hecho es que Estados Unidos no puede y, si se le presiona, muy probablemente no equilibrará a China de forma eficaz en solitario. Japón necesita desempeñar un papel mucho más importante, no como un favor a Washington, sino por su propio bien.

Estos son los hechos clave: China sigue creciendo en fuerza, incluso en poder militar. El Ejército Popular de Liberación de Pekín ha hecho enormes progresos en las últimas décadas, y cada vez más podrá disputar a Estados Unidos y sus aliados la ventaja en el Pacífico Occidental. Esta situación no hace más que agravarse.

Tokio lo entiende y reconoce que Japón, como segunda economía de Asia y el aliado más importante de Washington en la región, es el principal objetivo de Pekín. China debe doblegar a Japón si quiere alcanzar su objetivo de hegemonía regional. Por ello, ningún gobierno de la región insiste más que Tokio en el desafío que supone China.

Sin embargo, algo no cuadra. Estados Unidos gasta aproximadamente el 3,2% de su producto interior bruto en defensa, y se centra en China como la principal amenaza militar a través de su Estrategia de Defensa Nacional de 2018, una priorización que el Pentágono de Biden ha prometido continuar.

La vecina Corea del Sur, por su parte, gasta un 2,6% en gran parte para hacer frente a una amenaza menor de Corea del Norte. Japón, sin embargo, sólo gasta el 1% de su PIB en defensa. De hecho, a pesar de que el Ministerio de Defensa ha solicitado un aumento del 8,3% en 2021, el presupuesto de defensa japonés sólo aumentará un 1,1% este año. Mientras tanto, el de China crecerá más de un 6% de nuevo.

Esto es insostenible. En primer lugar, es necesario un mayor esfuerzo por parte de Japón por una simple cuestión de equilibrio de cuentas. Dado el tamaño y la sofisticación del EPL, Japón no puede gastar tan poco en defensa. Un mayor esfuerzo japonés tendría un impacto claro y material en el equilibrio militar local con China, que ahora es grave. Si no lo hace, pondrá en peligro a Taiwán y Filipinas y, en última instancia, al propio Japón, que quedará aislado si estos estados caen bajo la sombra de Pekín. Además, Japón, la tercera economía del mundo, puede gastar fácilmente mucho más en defensa.

Misiles balísticos de mediano alcance DF-26 del PLA durante un desfile en Pekín: Japón es el principal objetivo de Pekín.

En segundo lugar, un nivel tan bajo de gasto en defensa aumenta el riesgo de retracción estadounidense. A medida que China siga creciendo en poder y se imponga en la región, los estadounidenses tendrán que hacer un mayor esfuerzo y asumir más riesgos para frenarla. Pero esta mayor exigencia coincidirá con otras demandas de gasto cada vez más apremiantes.

En estas circunstancias, los norteamericanos tendrán la opción de limitar o incluso reducir su propio gasto en defensa, privilegiando las preocupaciones internas sobre el equilibrio con China. Esto sería un error, pero este tipo de reducción no tiene precedentes; los estadounidenses acabaron juzgando que los costes de la guerra de Vietnam eran demasiado elevados y abandonaron el esfuerzo.

Es especialmente importante subrayar este punto ahora, cuando la administración Biden está anunciando una “vuelta a la normalidad” en las relaciones de Washington con sus aliados. Pero Japón no debe tomar esto como una razón para continuar por su antiguo camino. El presidente Biden no está pidiendo que se aumente el gasto en defensa. Y sus primeras señales sugieren que no reducirá los esfuerzos militares en Europa y Oriente Medio, disminuyendo la capacidad del Pentágono para dar prioridad a China.

Al mismo tiempo, el Congreso desempeñará un papel fundamental en todo esto. Dado que el apoyo político en ambos bandos está creciendo para un enfoque más comedido en el exterior, el nivel de esfuerzo de Japón será observado de cerca.

De cara al futuro, Japón debería empezar a establecer, financiar y ejecutar un presupuesto de defensa que se equipare a los de aliados de desarrollo similar que se enfrentan a un adversario de gran potencia junto a EE.UU. Para Japón, esto significaría un presupuesto de defensa de al menos el 2,0% del PIB. El objetivo inmediato de Japón debería ser duplicar sus actuales gastos de defensa -en dólares de hoy, aproximadamente 100.000 millones de dólares al año.

Sobre todo, este aumento del gasto debería destinarse a reforzar la capacidad de Japón para operar junto a Estados Unidos en la defensa contra China. En consecuencia, Japón debería centrarse en la adquisición de sistemas clave de alta gama, como aviones de cuarta y quinta generación, defensas aéreas y antimisiles, misiles antibuque y de otro tipo, buques equipados con sistemas Aegis, submarinos diésel, aviones de vigilancia aerotransportados y aviones de ala rotatoria.

Estas compras pueden provenir tanto de la industria japonesa como de la estadounidense. Además, Japón debería aumentar su gasto en entrenamiento realista y ejercicios conjuntos con las fuerzas estadounidenses, al tiempo que hace más resistente y dispersa su propia arquitectura de bases. Durante muchas décadas, Japón fue capaz de mantener un gasto en defensa muy bajo. Pero esa política se basaba en una supremacía militar estadounidense casi ilimitada en el Asia marítima. Esos días han pasado.

Ahora, para evitar ser dominado por la China de Xi Jinping, Japón debe hacer un mayor esfuerzo en su propia defensa. Esto puede sonar demasiado provocador y arriesgado, pero la verdad es que no hacerlo sería mucho más peligroso, invitando a la coerción, si no a la agresión, por parte de Pekín y al alejamiento de Estados Unidos. Lo más prudente es actuar ahora y evitar ese resultado.

Elbridge Colby

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