La Marina de EE.UU. asumirá “riesgos tácticos calculados” para defender la libertad de navegación.

En los últimos años se han multiplicado los incidentes entre la Marina de Estados Unidos por un lado y las fuerzas navales chinas y rusas por otro, en particular durante las operaciones para garantizar la libertad de navegación [FONOP] en los espacios marítimos que son objeto de reclamaciones consideradas abusivas por Pekín y Moscú. Pero no sólo eso. Algunos han ocurrido con fines de intimidación en zonas de fricción, como en el Mar Báltico o el Mar Negro, o incluso en el Mediterráneo.

En general, cada parte culpa a la otra de tales incidentes, denunciando comportamientos “poco profesionales”, violaciones “flagrantes” de las normas internacionales y acuerdos de buena conducta negociados en el pasado, como el Acuerdo sobre Incidentes en el Mar [INCSEA], en vigor desde 1972 entre Estados Unidos y Rusia que lo heredó de la Unión Soviética.

En la región del Indo-Pacífico, las operaciones de la Armada de EE.UU. tienen como objetivo desafiar la política de hechos consumados de Pekín en el Mar del Sur de China. Esta política es a expensas de las reivindicaciones territoriales de los países ribereños y en violación del derecho internacional. Sin embargo, esta región es estratégica en más de un sentido. Rica en recursos naturales [hidrocarburos, peces], es una encrucijada de rutas marítimas esenciales para el comercio internacional. Además, para China es una zona segura para el despliegue de sus submarinos de misiles balísticos de propulsión nuclear [SSBN].

Para la Armada de EE.UU., también es una oportunidad para desafiar el dominio de China en el Estrecho de Taiwán. En este punto, y esto es un hecho nuevo, la Guardia Costera de EE.UU. ahora participa en operaciones de tipo FONOP, que anunció la nueva estrategia naval de EE.UU. revelada el 17 de diciembre.

El documento, titulado “Ventaja en el mar”, establece que la Armada, el Cuerpo de Marines y el Servicio de Guardacostas tratarán de profundizar su integración en un “Servicio Naval de Estados Unidos” para poder “competir con y, si es necesario, derrotar” a los adversarios designados – China y Rusia – al tiempo que “se acelera el desarrollo de una fuerza naval modernizada e integrada en todas las áreas”.

En la estrategia se hace constar que el mar “es parte integrante de la seguridad y la prosperidad” de Estados Unidos y “todas las naciones” porque “los océanos conectan los mercados mundiales” y “proporcionan recursos esenciales”. Además, “los intereses comunes crean oportunidades para una mayor cooperación con los aliados y socios”.

“El control del mar, la proyección de poder y la capacidad de dominar los océanos debe ser nuestra prioridad. Nuestras fuerzas deben estar preparadas hoy y mañana para defender los intereses de nuestra nación contra posibles adversarios en todo momento”, dijo el Almirante Michael Gilday, jefe de personal de la Marina de Estados Unidos.

Pero el documento hace resaltar el respeto por el derecho y las normas internacionales, denunciando las actividades de China y, en menor medida, de Rusia. De ahí el creciente papel que tendrá que desempeñar la Guardia Costera de Estados Unidos, que ya ha anunciado despliegues en la zona indopacífica para contrarrestar las actividades ilegales de China, en particular en el ámbito de la pesca.

“El Servicio Naval detectará y documentará las acciones de nuestros rivales que violan el derecho internacional, roban recursos e invaden la soberanía de otras naciones. Aportaremos pruebas de actividades maliciosas para exponer tal comportamiento y dañar la reputación de los agresores”, afirma la estrategia naval. Y “aprovechando nuestras capacidades militares complementarias y las autoridades encargadas de hacer cumplir la ley, estaremos preparados para interrumpir las actividades maliciosas”. Nuestros mayores esfuerzos refutarán las historias falsas de nuestros rivales y demostrarán el compromiso de Estados Unidos con la protección de un orden basado en reglas”, dice.

Además, “los enfoques revisionistas respecto de China y Rusia en el ámbito marítimo amenazan los intereses americanos, socavan las alianzas y asociaciones y degradan el orden internacional libre y abierto”. … Además, el crecimiento y la modernización de las capacidades navales de China y Rusia erosionan las ventajas militares de  Estados Unidos”, explica la estrategia.

“Desde principios del siglo XXI, nuestros tres servicios marítimos han observado con preocupación el creciente poder naval de la República Popular China y el comportamiento cada vez más agresivo de la Federación Rusa. Nuestras fuerzas navales desplegadas por todo el mundo interactúan diariamente con buques de guerra y aviones chinos y rusos. Estamos siendo testigos de su creciente sofisticación y agresión. La esperanza de que China y Rusia puedan convertirse en líderes responsables que contribuyan a la seguridad mundial ha dado paso al reconocimiento de que son rivales decididos. La República Popular China representa la amenaza estratégica a largo plazo más apremiante”, argumentan los líderes de la Armada, el USMC y la Guardia Costera.

La estrategia detalla tres niveles de compromiso: la “competencia” cotidiana [operaciones diarias, en lenguaje llano], la crisis y el conflicto abierto.

En cuanto a esta última, el USMC ya ha emprendido una transformación radical para volver a sus fundamentos como fuerza expedicionaria, al tiempo que busca una mayor integración con la Marina mediante “operaciones distribuidas” basadas en buques de asalto anfibio más pequeños, un mayor uso de vehículos aéreos no tripulados -tanto aéreos como navales-, redes de sensores y capacidades de ataque de largo alcance.

Con respecto a los dos primeros, esta estrategia naval introduce un importante cambio en la postura de la Marina. “Las fuerzas navales aceptarán riesgos tácticos calculados y adoptarán una postura más enérgica en sus operaciones diarias”, dijo. Por lo tanto, a priori, se trataría de adoptar reglas de enfrentamiento “más musculosas” contra los buques chinos y rusos en caso de un encuentro accidentado.

Para ello, la estrategia habla de equipar a cada nave con “medios de fuerza intermedios”, es decir, armas no letales, como los láseres [para deslumbrar] o “armas” acústicas [altavoces que emiten un ruido intenso hasta el punto de causar dolor]. Tales medios pueden haber sido usados en el pasado por la marina china contra barcos… que no eran necesariamente americanos.

Este cambio de enfoque puede tener dos consecuencias: o bien puede tener un efecto disuasorio o bien puede conducir a una escalada. Pero para que esto suceda, debe haber un interés.

Esta nueva estrategia naval se publicó unos días después de que la Casa Blanca revelara un “Plan de construcción naval de 30 años” con el objetivo de equipar a la Armada con 355 buques para el 2030 y 546 para el 2045, incluyendo buques autónomos de superficie [119 previstos] y submarinos [24]. Para 2022 y 2026, planea agregar 82 nuevos buques, para una inversión de 147 000 millones de dólares. Queda por ver qué hará la próxima administración con ellos…

Laurent Lagneau


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