Incluso la naturaleza trabaja contra Moscú: el mar Báltico, por donde pasa el 40% del petróleo ruso, está paralizado por el hielo.
En el Golfo de Finlandia, un hielo excepcionalmente grueso paraliza puertos estratégicos, ralentiza el tráfico marítimo y amenaza directamente las exportaciones de petróleo y materias primas. Esta limitación climática, sumada a las sanciones vigentes, revela la fragilidad logística de la economía rusa.
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