Rusia lanza drones furtivos mejorados para eludir las defensas en el ataque a Odesa.
Las fuerzas rusas han lanzado un sofisticado ataque con drones sobre Odesa, utilizando una versión modernizada del dron kamikaze Garpiya-A1, diseñado para neutralizar las contramedidas de guerra electrónica (EW). Esta escalada tecnológica, identificada tras un ataque el 13 de febrero de 2026, marca un cambio significativo en la fiabilidad de las municiones guiadas por satélite en el espacio aéreo disputado.
La última modificación se confirmó después de que analistas ucranianos examinaran los restos con la nueva designación de la serie “KK”. Desarrollada por la Planta Electromecánica de Izhevsk “Kupol”, filial de Almaz-Antey, la Garpiya-A1 es una plataforma de ataque de largo alcance que imita el diseño de Shahed, pero integra un alto grado de componentes internacionales. El ataque de mediados de febrero tuvo como objetivo infraestructuras críticas en Odesa, como instalaciones energéticas y almacenes de fertilizantes, y causó una víctima mortal y daños considerables en los activos portuarios y ferroviarios.
El avance técnico que define esta variante es la transición a la Antena de Patrón de Recepción Controlada (CRPA) Kometa-M16. Este sistema de 16 canales reemplaza al antiguo modelo M12 de 12 canales, lo que proporciona una mejora drástica en la inmunidad al ruido. Al utilizar un conjunto multielemento, el dron puede identificar la dirección de las señales de interferencia enemigas y desviar su recepción, filtrando eficazmente las interferencias. Esto garantiza que el dron mantenga la señal de GLONASS y GPS incluso bajo una intensa supresión radioelectrónica que cegarían los sistemas de navegación estándar.
“La incorporación del Kometa-M16 de 16 elementos permite que estos vectores mantengan su precisión en condiciones que antes los hacían ineficaces”, señaló un especialista del grupo de análisis del coronel GSh. “Representa un esfuerzo constante para superar las ‘cúpulas electrónicas’ defensivas que protegen nuestra infraestructura crítica”.
Este desarrollo sugiere un futuro de desgaste “inteligente”, donde el éxito de un ataque depende menos del número de drones y más de la sofisticación de su hardware antiinterferencias. A medida que Rusia continúa integrando antenas multicanal más complejas en su flota de vehículos aéreos no tripulados (UAV), la presión se desplaza hacia los fabricantes de defensa para desarrollar métodos de interceptación cinética o de salto de frecuencia aún más avanzados.
El ataque de Odesa sirve como un duro recordatorio de la rápida evolución del armamento autónomo. A medida que el panorama de la guerra electrónica se satura, la llegada del Garpiya-A1 de la serie “KK” indica que la carrera por el dominio electromagnético está entrando en una fase más letal y resistente.

J.A.B.


