La fragata Almirante Juan de Borbón asume el mando del Grupo Naval Permanente 1 de la OTAN.
La fragata Almirante Juan de Borbón de la Armada Española (F-102) zarpó el sábado 10 de enero desde el Arsenal Militar de Ferrol para iniciar el despliegue internacional como buque de mando del Grupo Naval Permanente 1 de la OTAN, tras completar su máxima certificación operativa. Este despliegue pone de relieve el creciente liderazgo de España en la presencia marítima avanzada de la OTAN en aguas del norte de Europa.
El cambio de mando oficial está previsto para los próximos días en Den Helder (Países Bajos), y la dotación de la fuerza operativa operará desde el buque español durante los próximos meses. El contralmirante Joaquín Ruiz Escagedo liderará el elemento de mando de la SNMG-1, que, según la Armada, está compuesto principalmente por personal español.
La Almirante Juan de Borbón es una fragata de la clase Álvaro de Bazán, designada F-102, y su selección para las tareas de buque insignia se basa tanto en el diseño del buque como en el rendimiento de la tripulación. La Armada Española la describe como una gran escolta con capacidad de mando, con un desplazamiento a plena carga de 5.853 toneladas, 146,7 metros de eslora, 18,6 metros de manga y un calado máximo de 7,4 metros, proporciones que importan cuando una fragata debe absorber personal embarcado junto con su ritmo habitual de guardia, mantenimiento y operaciones de vuelo. La velocidad máxima publicada es de 28 nudos (52 km/h), y la propulsión es una configuración combinada que permite al buque funcionar con turbinas de gas o motores diésel en configuración CODOG. Esta arquitectura no es trivial en el contexto de la SNMG-1: ofrece a los comandantes la opción de alternar entre una navegación sostenida eficiente y maniobras a mayor velocidad sin considerar el ahorro de combustible y la capacidad de respuesta como opciones mutuamente excluyentes, una ventaja práctica para una formación cuyas misiones abarcan desde una presencia constante hasta un reposicionamiento rápido.
Desde una perspectiva bélica, el Almirante Juan de Borbón está optimizado como una escolta multifunción de alta gama, diseñada para defenderse tanto a sí misma como a la fuerza que lidera. Su sistema de combate se basa en la arquitectura AEGIS y el radar de matriz en fase SPY-1D, lo que le proporciona una robusta capacidad de defensa aérea de área y la capacidad de gestionar múltiples amenazas aéreas simultáneamente, un atributo decisivo para un buque insignia de la OTAN. El sistema de lanzamiento vertical Mk 41 del buque lleva misiles tierra-aire SM-2 para combates de largo alcance y misiles Sea Sparrow Evolved para defensa de mediano alcance, formando un escudo protector multicapa contra aeronaves y misiles antibuque.
El impacto ofensivo contra combatientes de superficie lo proporcionan los misiles antibuque Harpoon, mientras que un cañón naval de 5 pulgadas apoya la guerra de superficie y las tareas de defensa aérea secundaria. En la función antisubmarina, la fragata combina sistemas de sonar, torpedos ligeros y su helicóptero SH-60B embarcado, lo que le permite detectar, rastrear y perseguir amenazas submarinas a distancia. Esta combinación equilibrada de alcance ofensivo y profundidad defensiva explica por qué el buque se utiliza habitualmente no sólo como combatiente de primera línea, sino también como plataforma de mando capaz de proteger y dirigir una fuerza naval multinacional en entornos operativos exigentes.
El comandante Miguel Romero, oficial al mando del buque, describe el despliegue con un lenguaje de presión diaria, más que de ceremonia. Destacando que la tripulación está abordando la misión con profesionalismo y un fuerte sentido de la responsabilidad, y subraya que servir como buque insignia multinacional incrementa las exigencias operativas cada día, especialmente en planificación, coordinación y comunicaciones. Su enfoque en la integración fluida del personal embarcado es una señal sutil pero crucial: se espera que el buque fusione la dotación y el cuartel general del grupo de trabajo en un solo organismo operativo, demostrando no solo que España puede aportar buques de alta gama, sino también que puede dirigir el ritmo marítimo de la alianza desde la cubierta.
El paquete desplegado de la fragata refuerza la idea de que el rol del buque insignia se considera una tarea operativa, no un nombramiento simbólico. Además de su tripulación, el buque embarca una Unidad Aérea Embarcada del 10.º Escuadrón de Aeronaves de la Armada con un helicóptero SH-60B y un Equipo de Seguridad Operacional de Infantería de Marina del Tercio Norte.
Esta combinación respalda las dos realidades del liderazgo de una fuerza permanente: el buque de mando debe ampliar su alcance situacional y mantener su propia protección, a la vez que sirve como plataforma donde se desarrolla la coordinación multinacional.
La Armada Española describe al Grupo Naval Permanente 1, o SNMG-1, como una de las fuerzas navales permanentes de la OTAN, que opera principalmente en aguas del norte de Europa con misiones centradas en la disuasión, la defensa colectiva, la presencia naval y el fortalecimiento de la interoperabilidad entre las armadas aliadas en lo que la Armada denomina un contexto estratégico particularmente exigente. La palabra «permanente» es la clave: no se trata de una flotilla de crisis improvisada que se reúne tras los acontecimientos, sino de un instrumento marítimo persistente y listo al que la OTAN puede asignar la tarea de mostrar cohesión, tranquilizar a los aliados y demostrar una capacidad de respuesta creíble sin esperar a que se construya una nueva fuerza desde cero.
El comandante del buque señala que la primera fragata española en unirse a una Agrupación Naval Permanente fue precisamente la Almirante Juan de Borbón en 2005, coincidiendo con la creación de estas fuerzas navales permanentes, y recalcó que España ha participado habitualmente en estas fuerzas navales durante décadas. Por lo tanto, este despliegue se interpreta como una combinación de continuidad y escalada: continuidad porque se enmarca en un largo patrón de participación española, escalada porque el buque ahora alberga al personal y ejerce el mando, convirtiendo la contribución rutinaria de España en un papel de liderazgo visible. Si el traspaso en Den Helder se desarrolla según lo previsto, la Almirante Juan de Borbón no solo estará presente en aguas del norte de Europa. Será la plataforma a través de la cual la postura de disuasión de la OTAN, la preparación para la defensa colectiva y la interoperabilidad aliada se traducirán en operaciones diarias.
Teoman S. Nicanci


