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Rusia ha aumentado su producción de proyectiles un 55% en un año (y un 1.600% desde la guerra en Ucrania).

A pesar de una economía debilitada y de grandes pérdidas humanas, Rusia está acelerando drásticamente su producción de armas —que se ha multiplicado por 17 desde el inicio de la guerra en Ucrania— para reconstruir sus existencias, prepararse para futuros conflictos y ganar tiempo diplomático con Occidente, según la inteligencia estonia.

Según los servicios de inteligencia estonios, citados por el Financial Times, esto indica que el país se está preparando para su próxima guerra, a medida que la guerra en Ucrania se acerca a su cuarto aniversario.

Según Tallin, la expansión industrial del Kremlin excede ahora las necesidades inmediatas del frente ucraniano y es parte de una estrategia a largo plazo.

En 2025, las fábricas rusas produjeron más de 7 millones de proyectiles, morteros y cohetes, en comparación con los 4,5 millones de 2024, lo que representa un aumento de más del 55 %. Desde el inicio de la guerra, la producción se ha multiplicado por diecisiete (un incremento del 1600 %). Este aumento se debe en gran medida a la construcción de nuevas instalaciones industriales dedicadas al armamento, indicio de una economía de guerra ya plenamente estructurada.

Rusia también se beneficia de un apoyo externo crucial. Se estima que las importaciones masivas de municiones de Corea del Norte representaron hasta la mitad de los proyectiles disparados por las fuerzas rusas en Ucrania durante los últimos seis meses. Estas entregas han permitido a Moscú reponer sus existencias, gravemente mermadas al inicio del conflicto.

Para los servicios de inteligencia estonios, mantener reservas sustanciales es un elemento clave de la planificación estratégica del Kremlin. A pesar de su modesto tamaño, la agencia de inteligencia con sede en Tallin se considera una de las más fiables en cuanto a Rusia, país que Estonia considera su principal amenaza para la seguridad.

Una caída en el crecimiento

Sin embargo, esta escalada militar se produce en un contexto económico frágil. La economía rusa se está debilitando rápidamente y la población está cada vez más preocupada por el coste social de la guerra.

Vladimir Putin declaró la semana pasada que el crecimiento de Rusia se había desacelerado al 1% en 2025. Esta mala noticia se esperaba desde hacía meses. Esta tasa de crecimiento es significativamente menor que la de 2024, mientras el país lucha por recuperarse de los efectos de la guerra en Ucrania.

La defensa sigue siendo la columna vertebral de la industria rusa hoy en día, mientras que otros sectores civiles se desploman. Las industrias automotriz, de bienes de consumo y de electrodomésticos están reduciendo su actividad: semanas laborales de cuatro días, despidos temporales y una caída de la demanda interna. Según la Academia Rusa de Ciencias, 18 de los 24 subsectores manufactureros se encuentran actualmente en recesión, lo que representa tres cuartas partes de la actividad industrial del país.

El complejo militar-industrial ruso todavía depende de instalaciones y conocimientos técnicos heredados de la era soviética, aunque estas instalaciones se han reestructurado y modernizado marginalmente desde la década de 2000.

Sin embargo, análisis recientes muestran que Moscú está teniendo dificultades para construir nuevos emplazamientos y depende en gran medida de la vieja infraestructura industrial que está modernizando.

Por eso, a pesar de las sanciones, Rusia todavía puede producir tanques, proyectiles y piezas pesadas a gran escala, simplemente reemplazando componentes clave con equipo chino.

No hay ningún ataque inminente contra la OTAN

Moscú también enfrenta crecientes dificultades para reclutar soldados, recurriendo cada vez más a prisioneros, mercenarios e incluso jubilados para reforzar sus filas. Las bajas rusas siguen siendo extremadamente elevadas; algunas estimaciones occidentales sugieren una cifra de muertos hasta diez veces mayor que la de Ucrania.

Sin embargo, los servicios de inteligencia estonios no creen que Vladimir Putin esté preparando un ataque inminente contra la OTAN. No obstante, el Kremlin se considera enfrascado en una confrontación existencial con la alianza occidental. A falta de un avance militar decisivo, Moscú está intensificando sus operaciones de inteligencia e influencia, en particular para profundizar la brecha entre Estados Unidos y Europa.

Según el informe, Rusia está manipulando las rondas de conversaciones diplomáticas con Washington simulando cooperación y ofreciendo oportunidades económicas. Su objetivo es alinear ciertos intereses estadounidenses con los de Moscú y exacerbar las divisiones transatlánticas. Para Tallin, la reciente intensificación de las conversaciones de paz es simplemente una táctica dilatoria: el Kremlin no tiene intención de poner fin al conflicto hasta que se alcancen sus objetivos estratégicos.

Federico Bianchi

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