Vietnam podría convertirse en el próximo cliente del caza Rafale de Francia.
Vietnam podría convertirse en uno de los próximos clientes internacionales del caza Rafale de Dassault Aviation, en un momento en que Hanói reevalúa activamente su dependencia, durante décadas, de los aviones de combate rusos.
El periódico francés L’Express informó el 4 de febrero de 2026 que las negociaciones han alcanzado una etapa inusualmente avanzada, resaltada por la supuesta oportunidad de un piloto vietnamita de volar el Rafale, un paso que rara vez se concede fuera de intercambios técnicos y operativos maduros, según observadores de la industria de defensa familiarizados con las prácticas de exportación.
Esta perspectiva surge a medida que la fuerza aérea de Vietnam sigue basándose en gran medida en estructuras heredadas de la era soviética, centradas en cazas Sukhoi y plataformas más antiguas dedicadas a misiones de ataque terrestre.
Hoy, el núcleo de la capacidad aire-aire de Vietnam se construye alrededor del Su-30MK2, una aeronave comparativamente moderna para los estándares regionales, pero que depende de una cadena logística rusa. Paralelamente, Vietnam continúa operando aviones de ataque Su-22, cuya relevancia militar en un entorno disputado está disminuyendo a medida que aumenta la densidad de radares, sistemas de defensa aérea terrestres y capacidades de guerra electrónica en todo el teatro de operaciones.
Por lo tanto, el Rafale encajaría en una vía de renovación, pero más importante aún, en una transformación cualitativa al introducir una plataforma multifunción occidental capaz de interceptación, ataque de precisión y presencia armada en áreas marítimas sensibles.
La aviación francesa ya ha alcanzado un hito importante con el pedido de 42 cazas Rafale por parte de Indonesia. Este contrato contribuyó a fortalecer la posición de Dassault en el Sudeste Asiático y reforzó la visión de que una aeronave europea puede competir con las alternativas estadounidenses, rusas o asiáticas. India, por su parte, ya ha integrado el Rafale en su fuerza aérea, manteniendo una amplia flota de Sukhoi, lo que demuestra que la coexistencia entre aeronaves rusas y francesas es viable y puede respaldar una estrategia de diversificación más amplia. Vietnam seguiría un camino similar, pero con una clara dimensión política, ya que representaría una ruptura más marcada con un modelo de adquisición históricamente centrado en Moscú.
Es probable que el Rafale no sustituya de inmediato al Su-30MK2, que seguiría siendo la columna vertebral de la fuerza aérea vietnamita a corto plazo. El enfoque más plausible sería un reemplazo gradual de las aeronaves más antiguas, en particular las plataformas de ataque tradicionales, para modernizar el componente aire-tierra y mejorar la capacidad de ataque de precisión. A medio plazo, la introducción de un caza multifunción occidental también podría conllevar ajustes doctrinales, con un poder aéreo cada vez más estructurado en torno a la versatilidad, los efectos de precisión y la superioridad de información, en lugar de basarse únicamente en la masa.
Para la superioridad aérea, el Rafale permitiría a Vietnam mejorar la calidad de las intercepciones y la capacidad de sus patrullas para mantener el control del espacio aéreo a largo plazo, con el apoyo de sensores modernos y una mayor conciencia situacional. La relevancia para el ataque marítimo es aún más directa: Vietnam opera en un entorno donde la competencia se centra en el mar, alrededor de islas, líneas de comunicación marítimas y zonas económicas exclusivas en disputa. En este contexto, la capacidad de llevar a cabo misiones de presencia armada, reconocimiento y ataques de precisión contra objetivos navales o terrestres se convierte en un factor clave de disuasión.
Diseñado para operar en condiciones de disputa, el Rafale fortalecería la posición de Vietnam en el Mar de China Meridional al ampliar el alcance y la precisión de las opciones disponibles, a la vez que mejora la supervivencia de la misión.
En términos geopolíticos, la venta del Rafale a Vietnam enviaría señales a varios actores simultáneamente. Para Pekín, indicaría que Hanói está reforzando sus capacidades de disuasión y defensa aérea en un escenario donde China ha intensificado su actividad militar. Para Moscú, sugeriría que Vietnam, considerado durante mucho tiempo un cliente natural, busca asegurar su libertad de acción diversificando sus dependencias. Para Francia, el acuerdo reforzaría su posición en el Indopacífico, a la vez que serviría a sus intereses industriales: ampliaría la base de clientes del Rafale en Asia, apoyaría la continuidad de la producción y aseguraría ingresos a largo plazo mediante actividades de soporte, mantenimiento y modernización.
Rudis04


