¿Afectará la reacción de Trump sobre Bombardier a la decisión de Canadá respecto a los F-35?
Ottawa solo ha encargado 16 de los 88 aviones F-35A previstos.
La creciente guerra comercial unilateral entre Estados Unidos y Canadá ha dado un nuevo giro: Donald Trump ha puesto en el punto de mira las importaciones de aviones ejecutivos fabricados por Bombardier, en un nuevo ataque contra el vecino del norte de Washington.
Apenas unos días después de haber propuesto unilateralmente rebautizar el lago Ontario como «lago América», el presidente estadounidense utilizó el 7 de septiembre su plataforma Truth Social para declarar: «¡SE ACABÓ LA VENTA DE BOMBARDIER EN ESTADOS UNIDOS!».
Profundizando en una queja anterior centrada en la falta de certificación por parte de Transport Canada de varios modelos de aviones ejecutivos Gulfstream, añadió: «Si quieren nuestro mercado, deben fabricar aquí y dejar de tratar a Estados Unidos como una «hucha»».
En respuesta, el fabricante aeronáutico canadiense señala que respalda «decenas de miles» de empleos en EE. UU., ya sea mediante contratación directa —incluida una planta de Bombardier Defense en Wichita, Kansas— o a través de su cadena de suministro; esto, según argumenta, convierte a «la industria aeroespacial estadounidense en una clara ganadora en términos de comercio y exportaciones».
Cabe destacar que esta última disputa también es relevante en el ámbito militar, ya que la nueva generación de aviones de misión especial del Ejército de EE. UU. —denominados Ares, Athena y Hades— utiliza la célula del modelo Global 6000/6500 de Bombardier. Tras la instalación de sistemas por parte de L3Harris y Sierra Nevada, estas aeronaves se configuran para diversas tareas: reconocimiento, guerra electrónica y recopilación de inteligencia tanto electrónica como de señales.
Si el comandante en jefe está al tanto de estas adquisiciones —que, según funcionarios del Ejército, aportarán «mejoras transformadoras» a las capacidades de inteligencia, vigilancia y reconocimiento—, ¿cómo podría afectar a la fuerza armada su política de rechazo a Bombardier?
Es seguro que Ottawa trataría las ventas militares del mismo modo que las transacciones de aviones ejecutivos si la arremetida de Trump derivara en medidas concretas de restricción. ¿Estaría dispuesto, entonces, a detener la recepción de los aviones Global adaptados por parte del Ejército estadounidense y optar, en su lugar, por un proceso costoso y lento para trasladar el equipo de misión a una alternativa de fabricación nacional?
La Fuerza Aérea de EE. UU. (USAF), por ejemplo, ha puesto en servicio recientemente aviones Gulfstream G550 equipados para la misión de inteligencia de señales «Compass Call»; …pero también opera el Global 6000 y el Global Express de generación anterior para tareas de retransmisión de comunicaciones.
El término «comercio» no puede interpretarse razonablemente como una simple consigna de «Compre productos estadounidenses», ni para los aliados de EE. UU. ni para las propias fuerzas armadas de Washington.
Considérese como ejemplo el inventario actual de la Real Fuerza Aérea Canadiense (RCAF), que incluye cazas Boeing F-18, aviones de transporte estratégico C-17, helicópteros de transporte CH-47 Chinook y aviones de transporte táctico Lockheed Martin C-130J, además de aeronaves ya encargadas como los aviones de patrulla marítima Boeing P-8A, los aviones de entrenamiento Beechcraft King Air 260 y los sistemas pilotados remotamente General Atomics Aeronautical Systems MQ-9B SkyGuardian.
Ya sea por diseño o como consecuencia, la última medida de Trump también podría afectar a las prolongadas deliberaciones de Canadá sobre su futuro avión de combate. Ottawa seleccionó el Lockheed F-35A para cubrir una necesidad de 88 aeronaves antes de que las relaciones se deterioraran, pero solo 16 de esos reactores de quinta generación cuentan con un contrato en firme.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, debe decidir ahora si sigue adelante con la compra completa de los F-35 —complaciendo así a Trump a pesar de su guerra comercial y de sus reiteradas insinuaciones de que al país le iría mejor convirtiéndose en el estado número 51 de EE. UU.— o si opta por otra alternativa. Da la impresión de que las acciones de Washington —impulsadas por quien se autoproclama el mejor presidente y negociador de la historia— están empujando a Ottawa cada vez más hacia esta última opción.
El fabricante aeronáutico sueco Saab aguarda expectante, tras haber ofrecido ya una asociación industrial y la producción local de su modelo Gripen E/F, el cual, a su juicio, complementaría eficazmente un número reducido de F-35. Ottawa ya ha seleccionado el Saab GlobalEye —basado en la plataforma Global 6500— como su futuro sistema aerotransportado de alerta temprana y control, por lo que la adquisición del Gripen parece cada vez menos una opción improbable.
Cabe señalar que una disputa comercial anterior entre EE. UU. y Canadá —centrada en el avión comercial Bombardier CSeries— provocó, en la práctica, que el F/A-18E/F Super Hornet de Boeing quedara descartado de la lista original de candidatos a caza para la RCAF.
Ryan Finnerty








Trump, quien parece desconocer que es el estado canadiense el que heredó el nombre del lago Ottawa bautizado así por los indigenas y no al revés, parece desconocer tambien la importancia de tener a Canadá como amigo. Miembro fiel de la defensa aérea conjunta estadounidense y comprador incondicional de su armamento los canadienses ven cómo su compromiso no está siendo correspondido.
De seguir así veremos en un futuro próximo hacer efectivo el acercamiento de Canadá a nuevos socios comerciales y militares a costa del mercado y la comunión de la defensa estadounidense, quienes no tendrán herramientas proporcionales para ejercer presión o influencia pues ya fueron previamente impuestas de manera negligente.