Estados Unidos consideró una operación de fuerzas especiales para asegurar el uranio de Irán
Según un informe exclusivo del New York Post publicado el 28 de julio de 2026, Estados Unidos habría examinado una opción militar que podría involucrar a los Rangers del Ejército y a los SEAL de la Marina en una operación para recuperar el uranio enriquecido de Irán.
El objetivo sería asegurar el material nuclear que los ataques aéreos podrían dejar intacto, pero ni el Departamento de Defensa de EE. UU. ni el Comando Central de EE. UU. han confirmado públicamente que dicha operación haya sido aprobada o asignada a unidades específicas.
Citando una fuente familiarizada con la planificación militar estadounidense, el periódico describió una misión terrestre de gran envergadura y complejidad que involucra tropas, ingenieros, especialistas en explosivos, apoyo aéreo y una fuerza de recuperación más pequeña. De autorizarse, la operación podría requerir que las fuerzas estadounidenses ingresen a instalaciones nucleares protegidas, despejen puntos de acceso dañados u obstruidos, establezcan perímetros seguros y trasladen material radiactivo a través de territorio en disputa.
Según el New York Post, una posible fuerza de rescate podría incluir personal del Escuadrón Plateado del SEAL Team 6, el 2.º Batallón Ranger y la 21.ª Compañía de Artillería del Ejército de EE. UU. Sin embargo, el periódico atribuyó esos detalles a nivel de unidad al medio independiente The High Side, y ninguna fuente oficial estadounidense ha confirmado que estas formaciones hayan sido seleccionadas o que se les haya ordenado prepararse para la misión.
La opción descrita diferiría fundamentalmente de una campaña aérea convencional. Los ataques de precisión pueden dañar salas de centrifugadoras, sistemas eléctricos, entradas de túneles e infraestructura de apoyo, pero no garantizan la destrucción ni la recuperación del uranio enriquecido almacenado en contenedores protegidos o trasladado antes del ataque. En cambio, una fuerza terrestre intentaría localizar, asegurar, empaquetar y retirar el material.
Antes de perder el acceso regular a la verificación tras los ataques a las instalaciones nucleares iraníes, el Organismo Internacional de Energía Atómica había documentado un importante inventario iraní de uranio enriquecido al 60 por ciento de uranio-235. El material a ese nivel se clasifica como uranio altamente enriquecido y requeriría un enriquecimiento adicional significativamente menor para alcanzar el nivel comúnmente asociado con las armas nucleares, aunque su cantidad, estado y ubicación actuales siguen siendo inciertos.
El New York Post identificó a Fordow e Isfahán entre las instalaciones que podrían ser relevantes para dicha operación. Cualquier esfuerzo de recuperación en emplazamientos nucleares reforzados o dañados requeriría información precisa sobre la ubicación de los cilindros de almacenamiento, las condiciones de radiación, los daños estructurales, las defensas iraníes y los posibles explosivos colocados alrededor de las entradas o túneles.
En teoría, los Rangers del Ejército podrían establecer posiciones defensivas y asegurar las rutas de acceso mientras elementos de asalto especializados ingresan a áreas sensibles. Posteriormente, se requerirían especialistas nucleares y personal de desactivación de explosivos para identificar el material peligroso, evaluar los contenedores dañados y preparar el uranio para su transporte. También podrían ser necesarios helicópteros, transporte aéreo estratégico, recursos de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, apoyo de guerra electrónica y fuerzas terrestres convencionales.
Esta composición de fuerzas sigue siendo analítica, no confirmada. La magnitud de la misión dependería de si el uranio permanecía concentrado en sitios conocidos, se había distribuido en varias ubicaciones o estaba enterrado bajo escombros tras ataques anteriores. Un inventario disperso transformaría una incursión focalizada en una operación prolongada de búsqueda y seguridad, con mayor exposición a contraataques iraníes.
Estados Unidos tiene experiencia en la explotación de sitios sensibles y operaciones especiales de largo alcance, pero ni la búsqueda de presuntos depósitos de armas iraquíes en 2003 ni la Operación Lanza de Neptuno constituyen un modelo directo para la recuperación de uranio enriquecido.
Irak demostró la necesidad de equipos técnicos y seguridad en los sitios, mientras que la incursión de 2011 en Pakistán evidenció cómo se pueden integrar la inteligencia, la aviación especializada y las fuerzas de asalto para una misión políticamente delicada. Una operación dentro de Irán probablemente sería de mayor envergadura, más prolongada y logísticamente más exigente.
La extracción física del uranio enriquecido podría generar un resultado de lucha contra la proliferación más duradero que el simple daño a la infraestructura de enriquecimiento. De tener éxito, podría impedir que parte del inventario se oculte o se reutilice y permitiría a los especialistas establecer la custodia del material recuperado. Sin embargo, no localizar la totalidad de las reservas podría generar incertidumbre sobre la cantidad de uranio restante y su destino.
Según informes previos del Washington Post, el ejército estadounidense había elaborado una propuesta para confiscar uranio enriquecido iraní a petición del presidente, lo que respalda la afirmación general de que se ha examinado dicha opción. El artículo del New York Post añade detalles sobre el posible despliegue de fuerzas y la logística, pero estos detalles siguen dependiendo de fuentes anónimas y secundarias.
Por lo tanto, la evidencia disponible respalda los informes que indican que Washington ha considerado una operación de recuperación de uranio de alto riesgo. Sin embargo, no establece que los Rangers del Ejército o los SEAL de la Marina hayan recibido órdenes de ejecución, que el despliegue de fuerzas descrito sea definitivo ni que una incursión sea inminente.
Alain Servaes







