Una fragata italiana sigue a un submarino ruso de clase Kilo en el Mediterráneo.
La fragata de la Armada italiana ITS Virginio Fasan está realizando una vigilancia constante del submarino de ataque Krasnodar, clase Proyecto 636.3 Kilo, de la Marina rusa, mientras se encuentra desplegado en el Grupo Marítimo Permanente Dos de la OTAN.
Funcionarios de la OTAN han confirmado que el submarino transita por el Mediterráneo central escoltado por el destructor Severomorsk, clase Udaloy, y otros buques de apoyo naval rusos. Esto subraya no solo la intensidad de la vigilancia submarina y de superficie, sino también la amplia pugna por el dominio submarino en la región, con implicaciones más amplias para la disuasión y la escalada.
El Krasnodar es un moderno submarino ruso de la clase Kilo mejorada del Proyecto 636.3, conocido por su sigilo y armado con misiles de crucero Kalibr. El Severomorsk, un destructor de la clase Udaloy, ofrece protección antisubmarina con sensores avanzados y helicópteros.
La Virginio Fasan, como parte del programa de fragatas FREMM de Italia, está equipada para operaciones antisubmarinas con sonares avanzados, torpedos y sistemas de defensa aérea. Esta intervención pone de relieve el enfoque de la OTAN en la vigilancia y disuasión marítimas.
El encuentro actual forma parte de una operación más amplia llevada a cabo por la SNMG2, uno de los cuatro grupos marítimos multinacionales permanentes de la OTAN. La SNMG2 es una fuerza de alta disponibilidad encargada de garantizar la libertad de navegación, la defensa colectiva y el conocimiento de la situación marítima en tiempo real en todo el flanco marítimo sur de la OTAN. Opera principalmente en el Mediterráneo y el Mar Negro. Es un componente esencial de la Fuerza de Respuesta de la OTAN (NRF), proporcionando una presencia naval flexible en tiempos de paz, crisis o conflicto. Integrada por buques de múltiples marinas aliadas, la SNMG2 también apoya las misiones de la OTAN en materia de antiterrorismo, cumplimiento de embargos y colaboración en la región.
La contribución de Italia a la SNMG2 se ha vuelto cada vez más crucial para las operaciones navales de la OTAN en el Mediterráneo. La Marina italiana no solo aporta fragatas de primera línea como la Fasan, sino que también ofrece oficiales de Estado Mayor, apoyo logístico y liderazgo de mando. Este papel central, potenciado por la posición geográfica de Italia, es estratégicamente vital a medida que Rusia profundiza su presencia naval en la región, lo que aumenta la influencia de Italia en la configuración de la respuesta, la preparación y la estrategia de disuasión de la OTAN.
La presencia del Krasnodar en estas aguas es más que rutinaria. Desde su debut en combate en 2017, cuando lanzó misiles de crucero Kalibr desde el Mediterráneo hacia Siria, el submarino se ha convertido en un instrumento clave en la proyección de capacidades de ataque de largo alcance de Rusia fuera de sus zonas de operación tradicionales. En el contexto de 2026, este despliegue refleja un impulso estratégico para desafiar el dominio marítimo de la OTAN y afirmar su influencia sobre infraestructuras vitales.
La intensificación de la posición naval rusa, que incluye la recopilación de inteligencia cerca de cables submarinos de fibra óptica, infraestructura petrolera y la actividad de la flota de la OTAN, aumenta el riesgo de una confrontación más amplia por intereses vitales.
Los analistas de defensa sugieren que la estrategia de Moscú incluye el uso de submarinos convencionales como el Krasnodar para misiones multifuncionales: mensajería estratégica, recopilación de inteligencia de señales y, de ser necesario, posicionamiento disuasorio preposicionado contra las fuerzas marítimas de la OTAN.
El despliegue del destructor Severomorsk junto al submarino amplifica dicha señal. Según datos de seguimiento e imágenes disponibles públicamente y socios de inteligencia regionales, el grupo naval ruso fue visto por última vez en tránsito al sureste de Sicilia, rumbo al Mediterráneo oriental, posiblemente hacia Tartus.
Los planificadores de la OTAN han considerado desde hace tiempo la actividad submarina rusa en el Mediterráneo como un importante vector de amenaza. A diferencia del Atlántico Norte, el Mediterráneo, confinado y denso, hace que la guerra antisubmarina (ASW) sea más compleja y urgente. Submarinos como el Krasnodar podrían, en teoría, interceptar convoyes de refuerzo aliados, amenazar operaciones anfibias o atacar objetivos terrestres estratégicos desde posiciones inesperadas.
La integración de buques rusos de inteligencia, como el supuesto buque de la clase Proyecto 18280 que acompaña a esta formación, complica aún más el panorama de inteligencia y plantea inquietudes sobre la seguridad de los cables submarinos y la actividad de guerra electrónica.
El mar Mediterráneo, antaño dominado por la superioridad naval de la OTAN, se ha convertido en un espacio cada vez más disputado donde convergen las operaciones submarinas, la guerra electrónica y la señalización estratégica. Los esfuerzos de Rusia por reafirmar su influencia marítima ponen de relieve la renovada importancia de la región para definir el equilibrio de poder. La presencia vigilante de la OTAN a través de la SNMG2 es una demostración estratégica, tanto para adversarios como para aliados, de su compromiso con la defensa de sus intereses y la lucha contra posibles desafíos a la estabilidad y la seguridad marítimas.
Alain Servaes


