Cómo el Cuerpo de Marines de EE. UU. imagina la guerra terrestre del futuro
Con el documento «Elemento de Combate Terrestre 2040», el Cuerpo de Marines de EE. UU. ha presentado en una perspectiva actualizada sobre el futuro desarrollo de su componente terrestre. El documento no solo describe las tecnologías que los Marines pretenden utilizar para 2040, sino que también busca desarrollar un concepto integral para el despliegue de tropas terrestres en un campo de batalla cada vez más transparente, interconectado y disputado.
Se centra en la inteligencia artificial (IA), los sistemas autónomos, las armas de largo alcance y las estructuras de mando y control distribuidas. Sin embargo, todas estas consideraciones parten de la premisa de que el marine individual seguirá siendo el factor decisivo en el campo de batalla de 2040.
Esta publicación actualiza el concepto GCE 2040, presentado originalmente en 2025. La edición actual busca perfeccionar los conceptos existentes en función de las nuevas amenazas y los avances tecnológicos, sirviendo además como base para priorizar futuras inversiones. Por lo tanto, este documento es menos una directiva organizativa concreta y más un marco a largo plazo para la planificación de recursos, el desarrollo de capacidades y la correspondiente planificación de programas.
Lo más destacable es la coherencia con la que el Cuerpo de Marines describe los cambios en el campo de batalla. Según los autores, los sensores omnipresentes, la inteligencia artificial, los drones económicos y a veces desechables, las armas de precisión de largo alcance y un espectro electromagnético disputado aumentan simultáneamente la transparencia y la letalidad. Esto reduce las oportunidades de movimiento, mientras que las fuerzas concentradas se exponen a un riesgo cada vez mayor de detección e impacto. La tecnología, por lo tanto, crea no solo nuevas capacidades, sino también nuevas vulnerabilidades.
Partiendo de esta premisa, el Cuerpo de Marines desarrolla un principio centrado en el soldado. La tecnología está diseñada para potenciar a los infantes de marina, no para reemplazarlos. El entrenamiento, la educación y la ética militar buscan garantizar que los infantes de marina permanezcan listos para el combate incluso cuando los sistemas técnicos fallen o sean interrumpidos por el enemigo. Este aspecto, en particular, debería ser de especial interés al considerar el documento.
El Cuerpo de Marines asume explícitamente que un futuro adversario no aceptará sin más la superioridad tecnológica. La guerra electrónica, los ciberataques, la destrucción de sensores y sistemas de mando y control, o las interrupciones en el suministro pueden disminuir de inmediato las ventajas de una fuerza altamente conectada. Por lo tanto, el futuro Elemento de Combate Terrestre (GCE) 2040 está diseñado para ser no solo más poderoso, sino, sobre todo, más resistente.
El futuro GCE se concibe como una formación modular, orientada a tareas y con capacidad multidominio, que combina operaciones distribuidas, alto impacto, superioridad informativa y liderazgo resiliente. Se espera que la combinación de la toma de decisiones asistida por IA y la colaboración entre humanos y máquinas genere una ventaja en la toma de decisiones. Los autores lo denominan «dominio en la decisión y la letalidad».
El resultado es un concepto que se basa en gran medida en la dispersión y la reducción de la firma. El Cuerpo de Marines pretende desplegar sus fuerzas de forma que resulten difíciles de detectar para el enemigo, e incluso más difíciles de atacar. El enfoque «Difícil de encontrar, difícil de eliminar», utilizado en el documento, combina movilidad, engaño, camuflaje y gestión de la firma. Al mismo tiempo, se debe mantener la capacidad de coordinar operaciones en múltiples dominios desde dentro de la estructura distribuida.
Un componente clave es la creciente integración de sistemas autónomos y no tripulados. El GCE 2040 prevé que los robots y sistemas autónomos puedan reemplazar o complementar a los Marines, especialmente en misiones particularmente peligrosas. La intención es exponer deliberadamente el hardware, en lugar de a los soldados, a parte del riesgo. Al mismo tiempo, se espera que los sistemas autónomos aporten masa adicional para reconocimiento, combate y movimiento. Curiosamente, el concepto extiende explícitamente esta idea más allá de las plataformas individuales.
Con la creciente madurez de los sistemas autónomos, el fenómeno conocido como «masa autónoma» podría reemplazar cada vez más a la «masa humana», reduciendo así el riesgo de primer contacto dentro de la zona operativa del enemigo. Por lo tanto, el Cuerpo de Marines prevé una gama de unidades, desde las asistidas por robots hasta las totalmente autónomas.
Un análisis más detallado de las capacidades específicas requeridas revela la naturaleza integral de este enfoque. Entre las diez denominadas Capacidades Requeridas del Concepto se encuentran, además de la organización de la fuerza, el impacto multidimensional y la movilidad táctica o anfibia, el principio de mando interdimensional de Mando y Control Conjunto Combinado en Todos los Dominios (CJADC2), que abarca la integración de la logística en áreas disputadas, la defensa aérea terrestre, la robótica y la autonomía, el procesamiento distribuido de datos, la resiliencia electromagnética, cibernética y espacial, así como el engaño y la gestión de la firma.
Esto también deja claro que el documento incorpora las lecciones aprendidas de la era actual de drones y sensores. La amenaza que representan los sistemas no tripulados se describe como un riesgo particularmente significativo para los sistemas terrestres. Por lo tanto, para mediados de la década de 2030, las capacidades de defensa contra drones deberían estar disponibles a nivel de pelotón, grupo o vehículo. Paralelamente, se debería avanzar en la integración de las capacidades de reconocimiento, mando y control, y operativas a través de redes distribuidas.
El panorama se vuelve aún más ambicioso para la segunda mitad del período de planificación. Entre 2036 y 2040, se espera que los sistemas con apoyo de IA en el ámbito táctico, las estructuras CJADC2 más resilientes y la colaboración entre humanos y máquinas aceleren los procesos de reconocimiento, toma de decisiones y acción. Se prevé que los robots y los sistemas autónomos no solo realicen funciones de apoyo, sino que, en ciertos casos, también reemplacen partes de los elementos de maniobra. Al mismo tiempo, se reducirá el número de soldados desplegados en el campo de batalla gracias al aumento de la capacidad de combate de las unidades distribuidas.
A pesar de todos los avances tecnológicos, el perfil clásico de la misión de las tropas terrestres permanece inalterado. El Cuerpo de Marines enfatiza explícitamente que su objetivo principal sigue siendo la captura, el control y la defensa del territorio. Su enfoque principal se centra en las zonas costeras. Los Marines consideran a sus tropas terrestres como parte integral de las Fuerzas Expedicionarias Navales y pretenden utilizarlas, en particular, para apoyar el control de territorios marítimos de importancia estratégica.
Por lo tanto, el GCE 2040 no es una visión concreta del año 2040, sino más bien un marco de planificación que define las capacidades que el Cuerpo de Marines pretende desarrollar y priorizar en la actualidad. Como ya se explicó, el GCE 2040 también busca un difícil equilibrio: los Marines deben alcanzar un nivel tecnológico significativamente más avanzado, manteniendo al mismo tiempo su capacidad para combatir sin dicha tecnología.
En consecuencia, cuanto mayor sea la dependencia futura de la IA, los sensores y las redes, mayor será la importancia de la capacidad individual de cada Marine para seguir combatiendo incluso sin ellos.
Kristóf Nagy







