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Chile necesita un avión de combate de quinta generación, y el F-35 surge como una opción

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La Fuerza Aérea de Chile (FACh) ha anunciado que se prepara para incorporar un caza de quinta generación durante la ceremonia de cambio de mando celebrada el 30 de octubre en Santiago. La declaración del entonces comandante en jefe, el general Hugo Rodríguez González, reforzó las expectativas en torno a una posible adquisición del F-35 Lightning II, lo que situaría al país a un nuevo nivel tecnológico en Sudamérica.

Aunque no mencionó directamente el modelo estadounidense, Rodríguez destacó que la llegada de una aeronave de esta categoría necesitará una preparación integral, que abarca infraestructura, capacitación de personal y la integración de sistemas digitales. Esta declaración se produce en un momento en que Chile comienza a estructurar el reemplazo de sus aviones F-5 Tiger III, que han sido utilizados durante décadas en la defensa aérea del país. 

El interés por el F-35 no surgió únicamente de la declaración del comandante. En los últimos meses, representantes de Estados Unidos y autoridades chilenas han mantenido conversaciones sobre posibles vías de cooperación militar, incluyendo la eventual transferencia del caza desarrollado por Lockheed Martin. En septiembre, el embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd, no descartó públicamente la posibilidad de una venta y afirmó que se estaban analizando diferentes alternativas con las Fuerzas Armadas chilenas.

El proceso de modernización de la flota de aviación de combate cobró impulso el 24 de septiembre, cuando el ministro de Defensa chileno, Fernando Barros, anunció que la Fuerza Aérea había recibido autorización para iniciar estudios destinados a encontrar un reemplazo para el F-5 Tiger III. La iniciativa se presentó en Punta Arenas y se relaciona principalmente con la necesidad de mantener las capacidades de defensa aérea en la región de Magallanes y la Antártida chilena.

En aquel momento, el gobierno dejó claro que aún no se había tomado ninguna decisión. Los criterios de evaluación incluían el desempeño operativo, los costos de adquisición y mantenimiento, la disponibilidad de apoyo logístico y la capacidad para satisfacer las necesidades estratégicas del país en las próximas décadas. La posibilidad de seleccionar un caza de cuarta generación también permanece abierta, aunque recientes señales de la Fuerza Aérea de Chile (FACh) han aumentado el interés en aeronaves más avanzadas.

Un incidente ocurrido en abril también puso de manifiesto el acercamiento operativo entre ambos países. Durante FIDAE 2026, dos F-35A de la Fuerza Aérea de EE. UU. fueron reabastecidos en vuelo por un KC-135 chileno durante su despliegue en el evento aeroespacial. La operación demostró la capacidad de integración entre las aeronaves y reforzó la familiaridad de la Fuerza Aérea de Chile con los procedimientos utilizados en la operación de cazas de quinta generación.

Chile

La selección final del F-35 representaría un cambio profundo en las capacidades de combate de Chile. Más allá de su tecnología furtiva, que reduce la detección por radar, la aeronave incorpora sensores avanzados, sistemas de guerra electrónica y fusión de datos, lo que permite al piloto obtener una visión integral del entorno operativo. Estas características mejoran la capacidad de detectar amenazas, compartir información y coordinar operaciones con otras plataformas militares.

Sin embargo, operar un avión de combate de esta categoría requiere mucho más que simplemente adquirir la aeronave. Chile necesitaría invertir en instalaciones especializadas, sistemas de mantenimiento, ciberseguridad, capacitación de pilotos y técnicos, así como una infraestructura logística capaz de dar soporte a la flota. Los costos también incluirían armamento, simuladores, soporte técnico y gastos operativos durante toda la vida útil del avión.

Chile

Hasta la fecha, no hay confirmación oficial de que Chile haya elegido el F-35. Tampoco se han revelado cifras, costes ni plazos para una posible adquisición. Por lo tanto, el reemplazo del F-5 Tiger III sigue en estudio, mientras que la posibilidad de incorporar una plataforma de quinta generación cobra cada vez más importancia en la planificación estratégica de la  aviación militar chilena.

Fernando Valduga


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